jueves, junio 11, 2026

Recetas para cocinar de memoria: El pan de la abuela

 La harina en el cuenco.
Mis manos dibujan un hueco.
El agua llega tibia,
apenas temblando.

La levadura se deshace
y el olor sube:
cocina de baldosas negras,
ventana con vaho,
la radio encendida 
                                                            murmura para nadie. 

Se amasa lento.
Los nudillos empujan,
pliegan, estiran,
una y otra vez.

Ella amasaba sin mirar,
las manos anchas, seguras,
con un ritmo 
que no aprendió de nadie.
Golpeaba la masa con la palma abierta
—un golpe seco—
para saber si estaba lista.

Yo no heredé ese oído.

Espero el tiempo que ella no necesitaba.
Toco la masa y no sé lo que escucho.
La cubro con el paño
y confío en el reloj
donde ella confiaba en sus manos.

El pan crece.
La corteza se dora.
El aroma cruza la casa,
se mete en los pliegues de la ropa, 
se queda.

Corto el pan aún caliente.
Sabe a lo que aprendí
y a lo que perdí,

miércoles, junio 03, 2026

Recetas para cocinar de memoria: Masa para empanadas


Tres tazas de harina
que caen sobre la mesa. Abro en el centro
un cráter que espera.
Vierto agua tibia con sal
y el aceite que resbala
antes de hundirse.

Mis manos entran al círculo, 
Atraen la harina desde los bordes.
La masa resiste primero, 
se desmiga, huye entre los dedos. Pero insisto
con el peso del torso, 
las palmas empujando y doblando, 
empujando y doblando, 
hasta que cede,
hasta que la superficie se cierra
sobre sí misma, 
tensa y lisa. 

La envuelvo
en el paño húmedo—el de cuadros azules
—y espero.

Media hora. 

Pico la cebolla.
El cuchillo golpea la tabla. 
El ardor sube a los ojos.
El comino cruje en el mortero,
se quiebra grano a grano.
Cuando estiro la masa, 
el rodillo va y viene 
con su rumor de madera antigua.
Las manos se mueven solas.
Conocen el grosor exacto, 
la presión justa.

El repulgue 
trenzado con los dedos:
trece pliegues por empanada,
siempre trece. 

Así me enseñaron.

En el horno se doran despacio.
Muerdo la primera,
el jugo me quema un poco la lengua.
De esa quemadura
También vengo. 

Valladolid: una tarde para habitar la poesía

Comparto con ustedes algunos videos de la presentación. 







Presentación de Manual para habitar los bordes sin cortarse - Valladolid

 


El pasado 29 de mayo tuve la enorme alegría de presentar Manual para habitar los bordes sin cortarse

en el auditorio de la Biblioteca Pública de Valladolid. Fue una tarde entrañable, llena de conversaciones, encuentros y emociones compartidas alrededor de la poesía.

La respuesta del público superó todas mis expectativas. Ver la sala llena de personas dispuestas a escuchar, dialogar y dejarse acompañar por las palabras fue uno de esos regalos que la escritura ofrece de vez en cuando y que justifican tantos años de trabajo silencioso.

Durante la presentación hablamos de los temas que recorren el libro: los límites emocionales y vitales, la memoria, la identidad, el desarraigo y la capacidad humana de reconstruirse incluso en los momentos más frágiles. Compartí también algunas reflexiones sobre el proceso de escritura de este poemario, nacido de años de observación, pérdidas, preguntas y reencuentros con la palabra.





Uno de los momentos más especiales de la velada fue el acompañamiento musical de mi marido, el músico Luis Mayol. Sus interpretaciones fueron tejiendo un hermoso diálogo entre la música y la poesía, aportando nuevas resonancias a los textos y creando una atmósfera íntima y emotiva. Entre las piezas que interpretó, ocupó un lugar muy especial Tu mirada es toda sur, una canción con letra de mi querida amiga Natividad Gómez Bautista y de Luis, y música de Luis, cuya sensibilidad y belleza emocionaron profundamente al público.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a la Biblioteca Pública de Valladolid por abrir sus puertas a la poesía y por la excelente acogida que recibimos. Mi gratitud también a la Asociación Cultural Habla, cuyo apoyo hizo posible este encuentro. Gracias por tender puentes, por facilitar el contacto y por acompañar con tanto entusiasmo la organización del acto.

Fue un privilegio compartir la presentación junto a mi editor y junto a Rocío Redondo y Laura Pineño, representantes de la asociación, cuya lectura atenta y generosa enriqueció el diálogo con el público. Sus intervenciones aportaron nuevas perspectivas sobre el libro y contribuyeron a crear un ambiente cálido y cercano.

Los libros empiezan a pertenecer realmente a sus lectores cuando abandonan la mesa de trabajo y salen al encuentro de otras miradas. En Valladolid sentí precisamente eso: que estos poemas comenzaban una nueva vida en la conversación compartida.


Gracias a todas las personas que asistieron, que hicieron preguntas, que compartieron sus impresiones y que se llevaron el libro a casa. Ojalá sus páginas les acompañen en sus propios bordes, en sus propias búsquedas y en esos lugares donde la fragilidad y la belleza se encuentran.

Nos seguimos encontrando en la poesía.



Análisis de 'Manual para habitar los bordes sin cortarse' - María Andrea González Monterrubio

  La gran poeta y profesora María Andrea González Monterrubio, querida ex alumna, me hizo el honor de acompañarme en la presentación del poe...