martes, abril 07, 2026

El camino de las luciérnagas

 

A la hora en que los álamos relucen de atardecer,

cerca del río croan las ranas y comienza

la insistente convocatoria de los grillos.

Cae la noche en los sauces.

La oscuridad se dilata

y la impaciencia del verano se demora en la sierra.

 

En una esquina del ventanal llama la Cruz del Sur –

recompensa que tenemos

quienes trasnochamos en aquel hemisferio –

y comienza el balbuceo inasible

de las luciérnagas encendidas.

 

Vuelvo a los primeros manantiales

con el pecho abierto a las ausencias –

el corazón no sabe cómo narrar las migraciones -

y con la memoria amontonada en las arterias

escribo despacio el verso que los nombra.

 

Las estrellas se deprenden de la noche,

siguen su propia ruta,

antigua huella labrada.

Separo cuidadosamente los recuerdos,

el sosiego de aquellas voces

que conozco desde siempre,

y regreso al lugar donde dormía

siguiendo el camino de las luciérnagas.


@Annie Altamirano, en Manual para habitar los bordes sin cortarse, Ed. Tarqus, Marzo 2026


martes, marzo 10, 2026

Manual para habitar los bordes sin cortarse

 Ya está aquí.

Mi libro.

Mi primer poemario.
(Y sí… ya era hora.)

Se llama Manual para habitar los bordes sin cortarse y es un libro que nace de muchos años de escribir, callar, volver a escribir, perderse un poco y volver a encontrarse en la palabra.

Un libro sobre los límites, las grietas, las preguntas y esa manera que tenemos de seguir habitando el mundo —con cuidado, con rabia, con ternura— incluso cuando todo parece afilado.

Gracias de corazón a Marcelo Saffores, por acompañar este proceso con tanta sensibilidad y paciencia.
Y gracias a Editorial Tarqus por abrirle un lugar a este libro y hacerlo posible.

Hoy celebro que estas páginas ya no son solo mías.
Empiezan su camino.





Creación en fuga.

Ondear de vocablos

que sorprenden al aire.

 

Buscar el sustantivo

que nombran los espejos

- esquivo

- exiliado

- remoto

 

Buscar el rumbo

para conjugar lo indescifrable

- temblor

- umbral

. pausa

 

Sentir la respiración de las palabras,

el latido de los signos.

 

La escritura sobrevuela

el cráter inconexo del poema. 



domingo, febrero 22, 2026

IV Jornadas Poéticas Árabe-Hispano-Americanas



 Qué tarde tan serena y luminosa vivimos en las IV Jornadas Poéticas Árabe-Hispano-Americanas, en el Centro Cultural Torre de los Anaya. Un acto sencillo, sin estridencias, pero profundamente enriquecedor y fraterno.

Se rindió homenaje a los poetas Ala Abualshemlat (Siria) y Hussein Nahaba (Irak), cuyas palabras resonaron en árabe y en castellano, tendiendo puentes de emoción y memoria entre lenguas y orillas. Escuchar sus poemas en ambas lenguas fue un recordatorio hermoso de que la poesía no entiende de fronteras: atraviesa mapas, historias y acentos, y nos reúne en un mismo latido.




La multiculturalidad fue, sin duda, el alma de la jornada. Voces de distintos países compartiendo escenario, traduciendo, abrazando la palabra del otro. Ese intercambio —generoso y atento— nos enriqueció a todos. Fue un diálogo vivo entre culturas que demostró que la poesía es casa común.

Mi gratitud sincera a los organizadores, especialmente a Alfredo Pérez Alencart, por su entrega constante, y a los coordinadores que hicieron posible este encuentro. Gracias también a cada uno de los poetas amigos participantes, por su presencia, su palabra y su fraternidad.

Salimos con el corazón más amplio. Y eso, en estos tiempos, ya es mucho.

Aquí el poema que leí:


El cuerpo que recuerda 

En la cicatriz del tobillo
vive el verano de los ocho años,
la bicicleta roja
y el asfalto caliente
que me enseñó a caer.

Mis manos guardan
la textura de todas las superficies
que han tocado:
la corteza del ciruelo en el patio,
vestido de mi abuela,
la piel salada de quien amé
una tarde de enero.

Los músculos tienen su propia memoria:
mis piernas conocen el camino
a la casa de la infancia
aunque mis ojos
ya no la reconozcan.

Mi espalda recuerda
el peso exacto
de cada abrazo recibido,
el ángulo preciso
en que me incliné
para recoger una flor
que alguien me regaló
hace algunos años.

La lengua conserva
el sabor del primer beso,
el último sorbo de café,
la sal de las lágrimas
que lloré sin testigos.

En la curvatura de la nuca
se acumulan las caricias
nunca borradas,
en las palmas
permanece la forma
de las manos
que sostuvieron las mías.

Mi cuerpo es archivo,
cada célula
biblioteca que almacena
la historia completa
de haber vivido.

El cuerpo no olvida,
cada instante
convertido en postura,
en respiración,
en la forma exacta
que toma el aire
cuando entra
a llenar este espacio
que soy.

Poema que está publicado en un libro de próxima aparición. 



miércoles, diciembre 10, 2025

Creación en fuga



Ondear de vocablos

que sorprenden al aire.

 

Buscar el sustantivo

que nombran los espejos

- esquivo

- exiliado

- remoto

 

Buscar el rumbo

para conjugar lo indescifrable

- temblor

- umbral

. pausa

 

Sentir la respiración de las palabras,

el latido de los signos.

 

La escritura sobrevuela

el cráter inconexo del poema.

© Annie Altamirano



domingo, octubre 19, 2025

Territorio de arcilla

 


Mis manos conocen
la textura del barro húmedo,
la resistencia tibia
de la tierra que cede.

Hay algo en mí
que se reconoce
en el peso del lodo,
en la densidad oscura
del humus recién removido.

Cuando camino descalza
mis pies hablan el mismo idioma
que las raíces profundas,
mi cuerpo es extensión del suelo
que me sostiene.

Mi respiración
se vuelve más lenta,
mi pulso
se sincroniza
con el latido subterráneo
de los gusanos.

Soy hija de la gravedad,
del peso que atrae,
de la fuerza que ancla
las semillas a la oscuridad
hasta que aprenden
a buscar la luz.

En mis venas
corre savia espesa.
En mis huesos
se acumula el mineral
de todas las tormentas.

© Annie Altamirano

Publicado en: Bajo la sombra de los vencejos

XXVIII Encuentro de Poetas Iberoamericanos

Antología en homenaje a Carmen Martín Gaite 1925-2000, Gabriel Chávez Casazola y Carlos Aganzo

Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes

Quietud y vuelo

 


En la quietud de la raíz
habito,
en su abrazo oscuro
donde el tiempo no corre.
Soy piedra inmóvil,
aliento atrapado en el vientre del suelo,
una promesa que germina
sin romper el silencio.

Y el vuelo me llama,
con su vértigo de horizontes,
con su danza incierta sobre el abismo.
El aire me tienta,
me tiñe de luz y de vacío,
me dice que el peso no es eterno,
que en lo alto también se puede habitar.

Entre la raíz y el vuelo
mi ser oscila:
¿quedarme en lo profundo,
o perderme en lo alto?
Soy la duda del viento,
el anhelo del suelo,
la hoja que tiembla en la rama,
suspendida entre la quietud y el salto.

© Annie Altamirano

Publicado en: Bajo la sombra de los vencejos

XXVIII Encuentro de Poetas Iberoamericanos

Antología en homenaje a Carmen Martín Gaite 1925-2000, Gabriel Chávez Casazola y Carlos Aganzo

Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes


domingo, septiembre 28, 2025

Conquistar la pluma

 


Deambulo sin órbita

en el esquivo renglón de la extrañeza.

El lápiz y yo hablamos de eso:

de la palabra escondida,

de los signos que quiebran su seno,

de los cráteres inconexos del poema,

una gramática disgregando a otra.

 

         Acercar la respiración de las palabras al poema sofocado

        que respira solo las palabras precisas

        entre una arista y un filo.

 

               Empiezan a nacer vocablos veloces,

                                urgentes,

                                  abriendo el cielo.

 

Saliendo de la oscuridad,

cada palabra ocupa su sitio.

 

Conquistar la pluma y la caricia del sonido.

Volver a la hoja,

desnuda ante la palabra

y la razón del alfabeto.

Construir el signo en este mar blanco.

Habitar la precisión del verbo

y su certeza.

 

Yace aquí su contenido.

Concavidad y orilla.

Gruta interminable.

                 

                  Declinación difícil en pos del verso.

©Annie Altamirano


El camino de las luciérnagas

  A la hora en que los álamos relucen de atardecer, cerca del río croan las ranas y comienza la insistente convocatoria de los grillos. ...