lunes, septiembre 07, 2026

Presentación de 'Manual para habitar los bordes sin cortarse' en Tornquist, Argentina

Hay noches que se quedan un poco más tiempo con nosotros.

La visita a la Biblioteca Popular Ernesto Tornquist fue, para mí, mucho más que una presentación de poesía. Fue una de esas ocasiones en las que el presente se encuentra con el pasado y, por un rato, las distancias y los años parecen desaparecer.

Llegué a Tornquist gracias a la invitación de la biblioteca, y desde el primer momento me sentí recibida con una enorme calidez. Quiero agradecer especialmente a su directora, Gabriela Antivero, a Andrea Antinori y a toda la junta directiva, por la generosidad, la atención y el cariño con que me recibieron. Hay lugares que saben hacer de una actividad cultural un verdadero encuentro, y esta biblioteca es, sin duda, uno de ellos.

Pero si esta visita fue posible, se lo debo especialmente a Verónica Folco, una querida ex alumna que hizo posible que nuestros caminos volvieran a cruzarse. Y qué regalo ha sido ese reencuentro.


Verónica fue alumna mía en el Profesorado, al igual que Guillermina Marcolini, a quien tuve la maravillosa sorpresa de volver a encontrar aquella noche. Han pasado muchos años desde aquellos días de aulas, clases, proyectos y conversaciones. Encontrarlas ahora, siguiendo sus propios caminos, produce una emoción difícil de explicar. Como docente, una guarda muchas historias de sus alumnos, pero pocas veces tiene la oportunidad de comprobar cuánto perduran esos vínculos con el paso del tiempo.

Quizás esa sea una de las cosas más hermosas de enseñar: descubrir, muchos años después, que una parte de lo que compartimos permanece en algún lugar. 




También tuve la suerte de contar una vez más con la compañía de Sergio Soler, poeta y amigo, que volvió a estar a mi lado para compartir la presentación. Su presencia hizo que la velada fuese todavía más especial.



Y después llegó lo esencial: el encuentro con quienes se acercaron a escucharnos. Hubo poemas, preguntas, comentarios, conversación y, sobre todo, una cercanía que convirtió la presentación en algo mucho más íntimo que un simple acto literario.




Me fui de Tornquist con esa sensación tan difícil de conseguir: la de haber compartido algo verdadero.

Gracias, Tornquist, por una noche que guardaré con especial cariño. Y gracias a Verónica, Guillermina, Sergio, Gabriela, Andrea, a toda la junta directiva y a cada una de las personas que estuvieron allí por recordarme, una vez más, que algunos encuentros llegan muchos años después de haber comenzado.


Aquí comparto uno de los poemas que leímos. 

La ciudad despierta – Homenaje a Oliverio Girondo

Se encienden, se desperezan, se agitan,

se apresuran, se chocan, se esquivan,

se saludan, se ignoran, se distancian,

se aceleran, se frenan, se impacientan,

se congregan, se apiñan, se dispersan,

se susurran, se gritan, se enmudecen,

se observan, se esconden, se revelan,

se conectan, se aíslan, se entrelazan,

se alimentan, se nutren, se consumen,

se construyen, se elevan, se derrumban,

se renuevan, se oxidan, se transforman,

se colorean, se opacan, se iluminan,

se despiden, se alejan, se reencuentran,

se adormecen, se calman, se silencian.


jueves, agosto 27, 2026

Presentación de 'Manual para habitar los bordes sin cortarse' en Bahía Blanca, Argentina

Gracias por una noche tan especial 

La presentación de Manual para habitar los bordes sin cortarse fue mucho más que la presentación de un libro. Fue un encuentro lleno de poesía, música, afectos y personas muy queridas.



Tuve la enorme suerte de contar con María Andrea González Monterrubio y Sergio Soler como presentadores y compañeros de este viaje.




 Andrea hizo un análisis precioso, profundo y sensible de la obra. Sus palabras no solo acompañaron la presentación, sino que me permitieron volver a mirar mis propios poemas desde otros lugares. Fue un verdadero regalo escucharla leer e interpretar el libro con tanta sensibilidad y generosidad.

🎙️ Sergio, poeta y amigo, estuvo a cargo de la presentación del acto y aportó también su mirada y su voz a la conversación. Gracias a ambos por acompañarme y por acercarse a la obra con tanta atención, cariño y respeto.

 Y qué decir de Luis Mayol… Su música, su guitarra y su voz fueron el acompañamiento perfecto para una noche tan especial. Gracias por regalarnos esos momentos musicales y por ponerle una banda sonora inolvidable a la presentación.


❤️ Y, por supuesto, gracias a mi familia y mis amigos, que estuvieron allí para compartir conmigo este momento tan importante. Sentirlos cerca hizo que todo fuese aún más especial.

Mi agradecimiento también a Cultura de la Cooperativa Obrera por abrir sus puertas a la poesía y, muy especialmente, a Walter Lezcano por organizar el evento y hacerlo posible con tanta dedicación.

Gracias a todas las personas que vinieron, escucharon, preguntaron, compartieron y celebraron conmigo.

Un libro puede escribirse en soledad, pero cobra vida cuando encuentra otras miradas, otras voces y personas con quienes compartirlo.

Y esa noche, Manual para habitar los bordes sin cortarse cobró vida. 📖❤️



viernes, julio 24, 2026

Torres de Fantasía

 

Gracias a la Asociación Homero y en especial a Benito Gonzalez Garcia por invitarme a participar del recital Torres de Fantasía en la Torre de Anaya el lunes 20. 



Fue una velada muy bonita, conocer a nuevos poetas y reencontrarme con Benito, con quien compartimos muchos buenos momentos en el pasado.

Aquí los poemas que leí.



El poema aletargado

El poema, aletargado,

se esconde en el almeiro,

En la bruma áspera, silábica.

no quiere conjugar

el nombre de su nombre.

Semilla encerrada,

cautiverio de la palabra,

del vocablo urgente,

del verbo en vilo,

de la suerte incierta del adjetivo.

Respiración desolada

esperando el encuentro,

la creación y su hipérbole,

la metáfora en vigilia,

el silencio tramando sintaxis.

La palabra se acerca,

     asiste,

           fluye.

 

El poema por fin

dice su nombre completo

y se derrama

en la página hambrienta.

  

Geografía de la piel

Mi cuerpo es un mapa

de territorios que aprendo

cada mañana al despertar:

la cuenca tibia del ombligo

donde se acumula el sueño,

la cordillera de la columna

vertebrando el día,

las islas de los nudillos

emergiendo del agua de las manos.

 

Hay valles entre los dedos

donde se esconde el aire,

montañas en los hombros

que sostienen el día

y su peso de horas,

ríos bajo la piel

que llevan la sangre

hacia puertos secretos.

Los poros respiran

su propia conversación

con el mundo,

intercambian humedad,

temperatura,

el aliento invisible

de estar viva.

 

En las noches,

cuando el cuerpo se abandona

al territorio de la sábana,

siento cómo cada músculo

recuerda su nombre,

cómo la carne se asienta

en su propia evidencia.

Mi piel es la frontera

más verdadera que habito:

aquí termino yo,

aquí comienza todo.

 

Pero a veces,

cuando alguien me toca,

esa frontera se vuelve

porosa,

permeable,

y descubro

que el cuerpo también

puede ser puente.


jueves, junio 11, 2026

Recetas para cocinar de memoria: El pan de la abuela

 La harina en el cuenco.
Mis manos dibujan un hueco.
El agua llega tibia,
apenas temblando.

La levadura se deshace
y el olor sube:
cocina de baldosas negras,
ventana con vaho,
la radio encendida 
                                                            murmura para nadie. 

Se amasa lento.
Los nudillos empujan,
pliegan, estiran,
una y otra vez.

Ella amasaba sin mirar,
las manos anchas, seguras,
con un ritmo 
que no aprendió de nadie.
Golpeaba la masa con la palma abierta
—un golpe seco—
para saber si estaba lista.

Yo no heredé ese oído.

Espero el tiempo que ella no necesitaba.
Toco la masa y no sé lo que escucho.
La cubro con el paño
y confío en el reloj
donde ella confiaba en sus manos.

El pan crece.
La corteza se dora.
El aroma cruza la casa,
se mete en los pliegues de la ropa, 
se queda.

Corto el pan aún caliente.
Sabe a lo que aprendí
y a lo que perdí,

miércoles, junio 03, 2026

Recetas para cocinar de memoria: Masa para empanadas


Tres tazas de harina
que caen sobre la mesa. Abro en el centro
un cráter que espera.
Vierto agua tibia con sal
y el aceite que resbala
antes de hundirse.

Mis manos entran al círculo, 
Atraen la harina desde los bordes.
La masa resiste primero, 
se desmiga, huye entre los dedos. Pero insisto
con el peso del torso, 
las palmas empujando y doblando, 
empujando y doblando, 
hasta que cede,
hasta que la superficie se cierra
sobre sí misma, 
tensa y lisa. 

La envuelvo
en el paño húmedo—el de cuadros azules
—y espero.

Media hora. 

Pico la cebolla.
El cuchillo golpea la tabla. 
El ardor sube a los ojos.
El comino cruje en el mortero,
se quiebra grano a grano.
Cuando estiro la masa, 
el rodillo va y viene 
con su rumor de madera antigua.
Las manos se mueven solas.
Conocen el grosor exacto, 
la presión justa.

El repulgue 
trenzado con los dedos:
trece pliegues por empanada,
siempre trece. 

Así me enseñaron.

En el horno se doran despacio.
Muerdo la primera,
el jugo me quema un poco la lengua.
De esa quemadura
También vengo. 

Valladolid: una tarde para habitar la poesía

Comparto con ustedes algunos videos de la presentación. 







Presentación de Manual para habitar los bordes sin cortarse - Valladolid

 


El pasado 29 de mayo tuve la enorme alegría de presentar Manual para habitar los bordes sin cortarse

en el auditorio de la Biblioteca Pública de Valladolid. Fue una tarde entrañable, llena de conversaciones, encuentros y emociones compartidas alrededor de la poesía.

La respuesta del público superó todas mis expectativas. Ver la sala llena de personas dispuestas a escuchar, dialogar y dejarse acompañar por las palabras fue uno de esos regalos que la escritura ofrece de vez en cuando y que justifican tantos años de trabajo silencioso.

Durante la presentación hablamos de los temas que recorren el libro: los límites emocionales y vitales, la memoria, la identidad, el desarraigo y la capacidad humana de reconstruirse incluso en los momentos más frágiles. Compartí también algunas reflexiones sobre el proceso de escritura de este poemario, nacido de años de observación, pérdidas, preguntas y reencuentros con la palabra.





Uno de los momentos más especiales de la velada fue el acompañamiento musical de mi marido, el músico Luis Mayol. Sus interpretaciones fueron tejiendo un hermoso diálogo entre la música y la poesía, aportando nuevas resonancias a los textos y creando una atmósfera íntima y emotiva. Entre las piezas que interpretó, ocupó un lugar muy especial Tu mirada es toda sur, una canción con letra de mi querida amiga Natividad Gómez Bautista y de Luis, y música de Luis, cuya sensibilidad y belleza emocionaron profundamente al público.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a la Biblioteca Pública de Valladolid por abrir sus puertas a la poesía y por la excelente acogida que recibimos. Mi gratitud también a la Asociación Cultural Habla, cuyo apoyo hizo posible este encuentro. Gracias por tender puentes, por facilitar el contacto y por acompañar con tanto entusiasmo la organización del acto.

Fue un privilegio compartir la presentación junto a mi editor y junto a Rocío Redondo y Laura Pineño, representantes de la asociación, cuya lectura atenta y generosa enriqueció el diálogo con el público. Sus intervenciones aportaron nuevas perspectivas sobre el libro y contribuyeron a crear un ambiente cálido y cercano.

Los libros empiezan a pertenecer realmente a sus lectores cuando abandonan la mesa de trabajo y salen al encuentro de otras miradas. En Valladolid sentí precisamente eso: que estos poemas comenzaban una nueva vida en la conversación compartida.


Gracias a todas las personas que asistieron, que hicieron preguntas, que compartieron sus impresiones y que se llevaron el libro a casa. Ojalá sus páginas les acompañen en sus propios bordes, en sus propias búsquedas y en esos lugares donde la fragilidad y la belleza se encuentran.

Nos seguimos encontrando en la poesía.



Presentación de 'Manual para habitar los bordes sin cortarse' en Tornquist, Argentina

Hay noches que se quedan un poco más tiempo con nosotros. La visita a la Biblioteca Popular Ernesto Tornquist fue, para mí, mucho más que...