Hay noches que se quedan un poco más tiempo con nosotros.
La visita a la Biblioteca Popular Ernesto Tornquist fue,
para mí, mucho más que una presentación de poesía. Fue una de esas ocasiones en
las que el presente se encuentra con el pasado y, por un rato, las distancias y
los años parecen desaparecer.
Llegué a Tornquist gracias a la invitación de la biblioteca,
y desde el primer momento me sentí recibida con una enorme calidez. Quiero
agradecer especialmente a su directora, Gabriela Antivero, a Andrea
Antinori y a toda la junta directiva, por la generosidad, la atención y el
cariño con que me recibieron. Hay lugares que saben hacer de una actividad
cultural un verdadero encuentro, y esta biblioteca es, sin duda, uno de ellos.
Verónica fue alumna mía en el Profesorado, al igual que Guillermina
Marcolini, a quien tuve la maravillosa sorpresa de volver a encontrar
aquella noche. Han pasado muchos años desde aquellos días de aulas, clases,
proyectos y conversaciones. Encontrarlas ahora, siguiendo sus propios caminos,
produce una emoción difícil de explicar. Como docente, una guarda muchas
historias de sus alumnos, pero pocas veces tiene la oportunidad de comprobar
cuánto perduran esos vínculos con el paso del tiempo.
Quizás esa sea una de las cosas más hermosas de enseñar:
descubrir, muchos años después, que una parte de lo que compartimos permanece
en algún lugar.
También tuve la suerte de contar una vez más con la compañía
de Sergio Soler, poeta y amigo, que volvió a estar a mi lado para
compartir la presentación. Su presencia hizo que la velada fuese todavía más
especial.
Y después llegó lo esencial: el encuentro con quienes se
acercaron a escucharnos. Hubo poemas, preguntas, comentarios, conversación y,
sobre todo, una cercanía que convirtió la presentación en algo mucho más íntimo
que un simple acto literario.
Me fui de Tornquist con esa sensación tan difícil de
conseguir: la de haber compartido algo verdadero.
Gracias, Tornquist, por una noche que guardaré con especial cariño. Y gracias a Verónica, Guillermina, Sergio, Gabriela, Andrea, a toda la junta directiva y a cada una de las personas que estuvieron allí por recordarme, una vez más, que algunos encuentros llegan muchos años después de haber comenzado.
Aquí comparto uno de los poemas que leímos.
La ciudad despierta – Homenaje a Oliverio Girondo
Se encienden, se desperezan, se agitan,
se apresuran, se chocan, se esquivan,
se saludan, se ignoran, se distancian,
se aceleran, se frenan, se impacientan,
se congregan, se apiñan, se dispersan,
se susurran, se gritan, se enmudecen,
se observan, se esconden, se revelan,
se conectan, se aíslan, se entrelazan,
se alimentan, se nutren, se consumen,
se construyen, se elevan, se derrumban,
se renuevan, se oxidan, se transforman,
se colorean, se opacan, se iluminan,
se despiden, se alejan, se reencuentran,
se adormecen, se calman, se silencian.

.jpeg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario