Fue una velada muy bonita, conocer a nuevos poetas y reencontrarme con Benito, con quien compartimos muchos buenos momentos en el pasado.
Aquí los poemas que leí.
El poema aletargado
El poema, aletargado,
se esconde en el almeiro,
En la bruma áspera, silábica.
no quiere conjugar
el nombre de su nombre.
Semilla encerrada,
cautiverio de la palabra,
del vocablo urgente,
del verbo en vilo,
de la suerte incierta del adjetivo.
Respiración desolada
esperando el encuentro,
la creación y su hipérbole,
la metáfora en vigilia,
el silencio tramando sintaxis.
La palabra se acerca,
asiste,
fluye.
El poema por fin
dice su nombre completo
y se derrama
en la página hambrienta.
Geografía de la piel
Mi cuerpo es un mapa
de territorios que aprendo
cada mañana al despertar:
la cuenca tibia del ombligo
donde se acumula el sueño,
la cordillera de la columna
vertebrando el día,
las islas de los nudillos
emergiendo del agua de las manos.
Hay valles entre los dedos
donde se esconde el aire,
montañas en los hombros
que sostienen el día
y su peso de horas,
ríos bajo la piel
que llevan la sangre
hacia puertos secretos.
Los poros respiran
su propia conversación
con el mundo,
intercambian humedad,
temperatura,
el aliento invisible
de estar viva.
En las noches,
cuando el cuerpo se abandona
al territorio de la sábana,
siento cómo cada músculo
recuerda su nombre,
cómo la carne se asienta
en su propia evidencia.
Mi piel es la frontera
más verdadera que habito:
aquí termino yo,
aquí comienza todo.
Pero a veces,
cuando alguien me toca,
esa frontera se vuelve
porosa,
permeable,
y descubro
que el cuerpo también
puede ser puente.



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