" Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo xviii, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologias del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Asi mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página. "
Escribir es un modo de soñar, y uno tiene que tratar de soñar sinceramente. Jorge Luis Borges
martes, junio 14, 2011
El Aleph (Fragmento)
" En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo. "
Jorge Luis Borges retoma en este libro sus temas favoritos dándoles un imprevisto y deslumbrante planteo. En cada relato arriesga una nueva visión del universo fantástico.
Quienes buscan al escritor brillante de los interminables juegos mentales se entusiasmarán con "El Zahir"; "Los dos reyes y los dos laberintos" y "Los teólogos".
Quienes prefieren al narrador de otras culturas encontrarán páginas amigas en "Abenjacán el bojarí, muerto en su laberinto" y en "La busca de Averroes". Tampoco faltan la historia y la tradición: "Biografía de Tadeo Isidoro Cruz" y "La otra muerte". De los diecisiete cuentos que componen este volumen, dos de ellos no pertenecen al género fantástico: "Emma Zunz", varias veces llevado al cine, e "Historia del guerrero y de la cautiva", que narra dos hechos verdaderos.
El libro se cierra con "El Aleph", obra maestra del género.
Jorge Luis Borges retoma en este libro sus temas favoritos dándoles un imprevisto y deslumbrante planteo. En cada relato arriesga una nueva visión del universo fantástico.
Quienes buscan al escritor brillante de los interminables juegos mentales se entusiasmarán con "El Zahir"; "Los dos reyes y los dos laberintos" y "Los teólogos".
Quienes prefieren al narrador de otras culturas encontrarán páginas amigas en "Abenjacán el bojarí, muerto en su laberinto" y en "La busca de Averroes". Tampoco faltan la historia y la tradición: "Biografía de Tadeo Isidoro Cruz" y "La otra muerte". De los diecisiete cuentos que componen este volumen, dos de ellos no pertenecen al género fantástico: "Emma Zunz", varias veces llevado al cine, e "Historia del guerrero y de la cautiva", que narra dos hechos verdaderos.
El libro se cierra con "El Aleph", obra maestra del género.
lunes, junio 13, 2011
Fundación mítica de Buenos Aires – Jorge Luis Borges
| ¿Y fue por este río de sueñera y de barro que las proas vinieron a fundarme la patria? Irían a los tumbos los barquitos pintados entre los camalotes de la corriente zaina. Pensando bien la cosa, supondremos que el río era azulejo entonces como oriundo del cielo con su estrellita roja para marcar el sitio en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron. Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron por un mar que tenía cinco lunas de anchura y aún estaba poblado de sirenas y endriagos y de piedras imanes que enloquecen la brújula. Prendieron unos ranchos trémulos en la costa, durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo, pero son embelecos fraguados en la Boca. Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo. Una manzana entera pero en mitá del campo expuesta a las auroras y lluvias y suestadas. La manzana pareja que persiste en mi barrio: Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga. Un almacén rosado como revés de naipe brilló y en la trastienda conversaron un truco; el almacén rosado floreció en un compadre, ya patrón de la esquina, ya resentido y duro. El primer organito salvaba el horizonte con su achacoso porte, su habanera y su gringo. El corralón seguro ya opinaba YRIGOYEN, algún piano mandaba tangos de Saborido. Una cigarrería sahumó como una rosa el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres, los hombres compartieron un pasado ilusorio. Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente. A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y como el aire. |
Francisco Brines
Poeta español nacido en Oliva, Valencia en 1932. Estudió Derecho en Deusto, Valencia y Salamanca y cursó estudios de Filosofía y Letras en Madrid.
Es uno de los poetas actuales de más hondo acento elegíaco. Pertenece a la segunda generación de la post-guerra, y junto a Claudio Rodríguez y José Ángel Valente, entre otros, conformó el «Grupo de los años 50».
Fue lector de Literatura Española en la Universidad de Cambridge y profesor de español en la Universidad de Oxford. En el año 2001 fue nombrado miembro de la Real Academia Española, para reemplazar la silla vacante tras el fallecimiento del dramaturgo Antonio Buero.
Se destacan entre sus obras: «Las brasas» en 1959, «Palabras a la oscuridad» en 1967, «El otoño de las rosas» en 1987, y «La última costa» en 1998.
Entre los premios recibidos, aparecen: el Adonais de poesía en 1959, el Premio Nacional de la Crítica en 1967, el Premio de las Letras Valencianas en 1967,el Premio Nacional de Literatura en 1987,el Premio Fastenrath 1998,el Premio Nacional de las Letras Españolas en 1999 y el Premio Reina Sofía de Poesía 2010.
Otoño inglés
No para ver la luz que baja de los cielos,
incierta en estos campos,
sino por ver la luz que, del oscuro centro de la tierra,
a las hojas asciende y las abrasa.
Yo no he salido a ver la luz del cielo
sino la luz que nace de los árboles.
Hoy lo que ven mis ojos
no es un color que a cada instante muda su belleza,
y ahora es antorcha de oro,
voraz incendio, humareda de cobre,
ola apacible de ceniza.
Hoy lo que ven mis ojos
es el profundo cambio de la vida en la muerte.
Este esplendor tranquilo
es el acabamiento digno de una perfecta creación
más si se advierte,
la consunción penosa de los hombres
tan sólo semejantes en su honda soledad,
mas con dolor y sin belleza.
El hombre bien quisiera que su muerte
no careciese de alguna certidumbre,
y así reflejaría en su sonrisa,
como esta tarde el campo,
una tranquila espera.
(Belleza del durmiente
que agita imperceptible el mudo pecho
para alzarse después con mayor vida;
como en la primavera los árboles del campo.)
¿Cómo en la primavera...?
No es lo que veo, entonces, trastorno de la muerte
sino el soñar del árbol, que desnuda,
su frente de hojarasca,
y entra así cristalino en la honda noche
que ha de darle más vida.
Es ley fatal del mundo
que toda vida acabe en podredumbre,
y el árbol morirá, sin ningún esplendor,
ya el rayo, el hacha o la vejez
lo abatan para siempre.
En la fingida muerte que contemplo
todo es belleza:
el estertor cansado de las aves,
la algarabía de unos perros viejos, el agua
de este río que no corre,
mi corazón, más pobre ahora que nunca
pues más ama la vida.
Las rotas alas de la noche caen
sobre este vasto campo de ceniza:
huele a carroña humana.
La luz se ha vuelto negra, la tierra
sólo es polvo, llega un viento
muy frío.
Si fuese muerte verdadera la de este bosque de oro
sólo habría dolor
si un hombre contemplara la caída.
Y he llorado la pérdida del mundo
al sentir en mis hombros, y en las ramas
del bosque duradero,
el peso de una sola oscuridad.
Es uno de los poetas actuales de más hondo acento elegíaco. Pertenece a la segunda generación de la post-guerra, y junto a Claudio Rodríguez y José Ángel Valente, entre otros, conformó el «Grupo de los años 50».
Fue lector de Literatura Española en la Universidad de Cambridge y profesor de español en la Universidad de Oxford. En el año 2001 fue nombrado miembro de la Real Academia Española, para reemplazar la silla vacante tras el fallecimiento del dramaturgo Antonio Buero.
Se destacan entre sus obras: «Las brasas» en 1959, «Palabras a la oscuridad» en 1967, «El otoño de las rosas» en 1987, y «La última costa» en 1998.
Entre los premios recibidos, aparecen: el Adonais de poesía en 1959, el Premio Nacional de la Crítica en 1967, el Premio de las Letras Valencianas en 1967,el Premio Nacional de Literatura en 1987,el Premio Fastenrath 1998,el Premio Nacional de las Letras Españolas en 1999 y el Premio Reina Sofía de Poesía 2010.
Otoño inglés
No para ver la luz que baja de los cielos,
incierta en estos campos,
sino por ver la luz que, del oscuro centro de la tierra,
a las hojas asciende y las abrasa.
Yo no he salido a ver la luz del cielo
sino la luz que nace de los árboles.
Hoy lo que ven mis ojos
no es un color que a cada instante muda su belleza,
y ahora es antorcha de oro,
voraz incendio, humareda de cobre,
ola apacible de ceniza.
Hoy lo que ven mis ojos
es el profundo cambio de la vida en la muerte.
Este esplendor tranquilo
es el acabamiento digno de una perfecta creación
más si se advierte,
la consunción penosa de los hombres
tan sólo semejantes en su honda soledad,
mas con dolor y sin belleza.
El hombre bien quisiera que su muerte
no careciese de alguna certidumbre,
y así reflejaría en su sonrisa,
como esta tarde el campo,
una tranquila espera.
(Belleza del durmiente
que agita imperceptible el mudo pecho
para alzarse después con mayor vida;
como en la primavera los árboles del campo.)
¿Cómo en la primavera...?
No es lo que veo, entonces, trastorno de la muerte
sino el soñar del árbol, que desnuda,
su frente de hojarasca,
y entra así cristalino en la honda noche
que ha de darle más vida.
Es ley fatal del mundo
que toda vida acabe en podredumbre,
y el árbol morirá, sin ningún esplendor,
ya el rayo, el hacha o la vejez
lo abatan para siempre.
En la fingida muerte que contemplo
todo es belleza:
el estertor cansado de las aves,
la algarabía de unos perros viejos, el agua
de este río que no corre,
mi corazón, más pobre ahora que nunca
pues más ama la vida.
Las rotas alas de la noche caen
sobre este vasto campo de ceniza:
huele a carroña humana.
La luz se ha vuelto negra, la tierra
sólo es polvo, llega un viento
muy frío.
Si fuese muerte verdadera la de este bosque de oro
sólo habría dolor
si un hombre contemplara la caída.
Y he llorado la pérdida del mundo
al sentir en mis hombros, y en las ramas
del bosque duradero,
el peso de una sola oscuridad.
El curso de la luz
Trajo el aire la luz,
y nadie vigilaba, pues la robó en el sueño,
se originó en las sombras,
la luz que rodó negra debajo de los astros.
Casa desnuda, seno de la muerte,
rincón y vastedad, árida herencia,
vertedero sombrío, fértil hueco.
Tú estás donde las cosas lo parecen,
donde el hombre se finge,
ese que, a tus engaños, da en nombrarte
respiración, fidelidad.
Llegas hasta sus ojos,
y en ellos reconoces el nido en que nacieras,
piedra negra que está ignorando el mundo,
y ahondas tu furor, con belleza de rosas
o valle de palomos
o dormidos naranjos en la siesta del mar,
y agujeros callados se los tornas.
Débil es el sepulcro que así eliges,
no dura allí tu noche,
y vuelves a tu oficio, criatura inocente,
y esos que te aman lloran,
pues dejas de ser luz para llamarte tiempo.
nos tejiste con esa luz sombría
de tu origen, y en la carne que alienta
dejas el sordo soplo del olvido;
no es tu reino la humana oscuridad,
y en desventura existes.
Llega a ti el desconsuelo, la desdicha,
resignación del fuerte, y aun rencor,
y así nos acabamos:
extraño es el deseo de esa luz.
Trajo el aire la luz,
y nadie vigilaba, pues la robó en el sueño,
se originó en las sombras,
la luz que rodó negra debajo de los astros.
Casa desnuda, seno de la muerte,
rincón y vastedad, árida herencia,
vertedero sombrío, fértil hueco.
Tú estás donde las cosas lo parecen,
donde el hombre se finge,
ese que, a tus engaños, da en nombrarte
respiración, fidelidad.
Llegas hasta sus ojos,
y en ellos reconoces el nido en que nacieras,
piedra negra que está ignorando el mundo,
y ahondas tu furor, con belleza de rosas
o valle de palomos
o dormidos naranjos en la siesta del mar,
y agujeros callados se los tornas.
Débil es el sepulcro que así eliges,
no dura allí tu noche,
y vuelves a tu oficio, criatura inocente,
y esos que te aman lloran,
pues dejas de ser luz para llamarte tiempo.
nos tejiste con esa luz sombría
de tu origen, y en la carne que alienta
dejas el sordo soplo del olvido;
no es tu reino la humana oscuridad,
y en desventura existes.
Llega a ti el desconsuelo, la desdicha,
resignación del fuerte, y aun rencor,
y así nos acabamos:
extraño es el deseo de esa luz.
Extingue tu suplicio, ciega pronto;
si recobras la paz, no nos perturbes.
si recobras la paz, no nos perturbes.
Winter is coming (A Game of Thrones)
A Game of Thrones is the first book in A Song of Ice and Fire, a series of epic fantasy novels by American author George R. R. Martin. It was first published on 6 August 1996. The novel won the 1997 Locus Award, and was nominated for both the 1998 Nebula Award and the 1997World Fantasy Award. The novella Blood of the Dragon, comprising the Daenerys Targaryen chapters from the novel, won the 1997 Hugo Award for Best Novella.
Game of Thrones is an American medieval fantasy television series created for HBO byDavid Benioff and D. B. Weiss, featuring a predominantly British and Irish cast. The series is based on author George R. R. Martin's best-selling A Song of Ice and Fire series of seven planned fantasy novels, the first of which is called A Game of Thrones. The series debuted in the U.S. on April 17, 2011.
Como Nati ya me ha regañado porque puse esta entrada en inglés, voy a poner una reseña en castellano.
Juego de tronos (A Game of Thrones) es una novela de fantasía escrita por el autor estadounidense George R. R. Martin en 1996 y ganadora del premio Locus en 1997. Se trata de la primera entrega de la serie de gran popularidad en el mundo anglosajón Canción de Hielo y Fuego. La novela se caracteriza por el uso de numerosos personajes bien detallados, la contraposición de puntos de vista de los múltiples protagonistas, su trama con giros inesperados y el uso sutil de los aspectos mágicos tan comunes en otras obras de fantasía.
Las novelas de esta serie publicadas en la actualidad, cinco de un total de siete, son:
- Juego de tronos (A Game of Thrones, 1996), trad. de Cristina Macía, publicada por Gigamesh en 2002.
- Choque de reyes (A Clash of Kings, 1998), trad. de Cristina Macía, publicada por Gigamesh en 2003.
- Tormenta de espadas (A Storm of Swords, 2 vols. 2000), trad. de Cristina Macía, publicada por Gigamesh en 2005.
- Festín de cuervos (A Feast for Crows, 2005), trad. de Cristina Macía, publicada por Gigamesh en 2007.
- A Dance with Dragons (2011). Anunciada su venta para el 12 de julio de 2011 en Estados Unidos.
PRESENTACIÓN DEL LIBRO "POR ESO ESCRIBO, POR ESO" DE JOSEFA SÁNCHEZ SOUSA
Para AC PentaDrama ha supuesto una inmensa satisfacción preparar la edición de los escritos de Josefa Sánchez Sousa, quien, a sus ochenta y nueve primaveras, nos deleita con una bellísima selección de sus mejores relatos, poemas y pensamientos breves.
El libro, prologado por Antonio Sánchez Zamarreño, en una cuidada edición de Luso-Española de Editores S.L., será presentado el próximo día 14 de junio, martes, a las 20,15h, en el Casino de Salamanca (C/ Zamora, 9-15).
Algunos miembros de AC Pentadrama leeremos una selección de poemas de Pepita.
Kirmen Uribe en la Casa de las Conchas, jueves 19 de junio de 2011
,
El jueves 10 a las 22:00 hs se presentó Kirmen Uribe (Ondarroa, Vizcaya, 1970) en el Patio de la Casa de las Conchas. No sólo nos deleitó con algunos de sus poemas y con la lectura de extractos de su novela 'Bilbao-Nueva York-Bilbao', sino que nos encantó con su sencillez y su cercanía. Fue como si lo conociésemos desde siempre. Les recomiendo que os acerqueis a su obra.
UN DIOS PEQUEÑO Y JUGUETÓN
Quisiera ser aquel dios que te dibujó los lunares,
un dios pequeño y juguetón
pintando miles de puntitos en tu piel.
Me gustan tus lunares,
me gusta contarlos como si fueran estrellas.
Encontrarme cada día con uno nuevo,
como si fuera un astrónomo que halla una supernova,
escondida en algún lugar recóndito de tu espalda
o bajo tus pechos.
Me gusta recorrer tu piel con mi mano,
seguir las lineas invisibles
que se van creando entre los planetas.
Muy poco a poco, como el telescopio más preciso.
Tú dices que no te gustan,
que quisieras no tener ningun lunar,
tener una piel blanca y lisa.
Pero qué sería entonces de mí,
marino sin rumbo en la noche cerrada.
Recuerdo que te pedí un lunar
La noche que nos conocimos.
Aquel que tienes junto al ojo.
Me bastaba esa pequeña Ítaca
para contruir en élla mi casa.
Y tú, generosa, dijiste:
son todos para tí,
si adivinas cuantos son en total.
Quisiera ser aquel dios que te dibujó los lunares,
un dios pequeño y juguetón.
Y besar tus lunares cada noche,
Con cuidado, con mucho cuidado,
para que no se despeguen.
Fotos: Natividad Gómez Bautista
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