y hay tardes negras que, con suerte, se vuelven añil con el paso de las horas... entonces uno se va a dormir con el deseo de que la noche sepa muy bien y la mañana nos sorprenda muy dormidas. Me encantó!
Yo te acompaño al picnic del día verde, y me llevo un bizcocho riquísimo, cuya receta me recuerda a una lindísima argentina. Estoy un poco harta de los días violetas -para mí, los azules, profundos como ojeras-... así que: ¡verde, que te quiero verde!
Mucho color, mucho perfume...me gusta!
ResponderEliminarmuy bueno, Annie!!
ResponderEliminary hay tardes negras que, con suerte, se vuelven añil con el paso de las horas... entonces uno se va a dormir con el deseo de que la noche sepa muy bien y la mañana nos sorprenda muy dormidas.
ResponderEliminarMe encantó!
Yo te acompaño al picnic del día verde, y me llevo un bizcocho riquísimo, cuya receta me recuerda a una lindísima argentina. Estoy un poco harta de los días violetas -para mí, los azules, profundos como ojeras-... así que: ¡verde, que te quiero verde!
ResponderEliminarUn beso preciosa. Te eché de menos el jueves.
S.
Gracias a todos por el apoyo! Sole, nos vemos mañana! Pau, hermoso lo tuyo, como siempre!
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