domingo, octubre 04, 2026

III Certamen Nacional de Poesía 'Habla'

 Hay poemas que nacen de una imagen muy concreta y, poco a poco, terminan hablando de algo más. «Claroscuro» nació de una de esas escenas suspendidas entre la noche y el día: una habitación que empieza a llenarse de luz, dos cuerpos que todavía permanecen cerca y ese instante en que la mañana devuelve las cosas a su lugar.

La luz entra primero tímidamente, casi a tientas. Después avanza, ilumina los objetos, el paisaje y, sobre todo, aquello que durante la noche podía permanecer en la penumbra. Pero la claridad no siempre significa distancia o ruptura. A veces ocurre justo lo contrario: la mañana revela que lo que había en la oscuridad sigue ahí, entero y cálido.

Me hace especialmente feliz compartir que «Claroscuro» ha sido seleccionado como finalista del III Certamen Nacional de Poesía «Habla».

Quiero agradecer a la Asociación Habla y al jurado del certamen por haber leído y valorado mi poema y por haberlo incluido entre los finalistas. Para quienes escribimos poesía, que un poema salga de ese espacio íntimo en el que fue escrito y encuentre lectores es ya una forma de celebración.

Este poema habla, en cierto modo, de eso mismo: de lo que queda cuando llega la luz. De cómo algunas cosas no necesitan esconderse en la oscuridad para existir. De esas mañanas que, en lugar de romper el hechizo de la noche, simplemente lo confirman.

Comparto aquí el poema completo, agradecida por esta distinción y feliz de que «Claroscuro» haya encontrado este nuevo lugar desde el que ser leído.




Claroscuro

La mañana se filtra.

Primero es una línea fina

en el borde de la cortina,

un hilo de luz que tantea el piso.

Después se ensancha.

Trepa por la sábana revuelta,

encuentra tu hombro,

lo dibuja.

La marca exacta

de mi boca en tu clavícula.

El frío sigue ahí,

pegado al vidrio empañado.

Afuera la sierra aparece

envuelta en esa neblina blanca

que tienen las mañanas

que se demoraron.

La luz avanza

y con ella vuelven las cosas

a ser lo que son:

la silla es silla otra vez

y no el lugar donde tiraste la camisa,

el piso es piso

y no el mapa de ropa

que marcaba el recorrido

de la puerta a la cama.

Tu cara a medio despertar,

el pelo en guerra con la almohada.

Esa cara que no es la de anoche,

es otra,

más cierta,

más desnuda

porque la mañana no deja

donde esconderse.

No retiro el brazo.

No busco la distancia

que la luz debería imponer

entre lo que fue

y lo que ahora

simplemente

es.

Porque hay mañanas

que no rompen nada.

Llegan despacio,

corren la oscuridad a un lado

y lo que encuentran debajo

sigue entero,

sigue tibio,

sigue queriendo estar

exactamente

donde está.

La sierra se despeja.

El sol alcanza tu espalda

y yo te miro

con esa claridad brutal de la mañana

que confirma

todo lo que la noche

prometió en voz baja.

 

III Certamen Nacional de Poesía 'Habla'

  Hay poemas que nacen de una imagen muy concreta y, poco a poco, terminan hablando de algo más. «Claroscuro» nació de una de esas escenas ...