viernes, julio 24, 2026

Torres de Fantasía

 

Gracias a la Asociación Homero y en especial a Benito Gonzalez Garcia por invitarme a participar del recital Torres de Fantasía en la Torre de Anaya el lunes 20. 



Fue una velada muy bonita, conocer a nuevos poetas y reencontrarme con Benito, con quien compartimos muchos buenos momentos en el pasado.

Aquí los poemas que leí.



El poema aletargado

El poema, aletargado,

se esconde en el almeiro,

En la bruma áspera, silábica.

no quiere conjugar

el nombre de su nombre.

Semilla encerrada,

cautiverio de la palabra,

del vocablo urgente,

del verbo en vilo,

de la suerte incierta del adjetivo.

Respiración desolada

esperando el encuentro,

la creación y su hipérbole,

la metáfora en vigilia,

el silencio tramando sintaxis.

La palabra se acerca,

     asiste,

           fluye.

 

El poema por fin

dice su nombre completo

y se derrama

en la página hambrienta.

  

Geografía de la piel

Mi cuerpo es un mapa

de territorios que aprendo

cada mañana al despertar:

la cuenca tibia del ombligo

donde se acumula el sueño,

la cordillera de la columna

vertebrando el día,

las islas de los nudillos

emergiendo del agua de las manos.

 

Hay valles entre los dedos

donde se esconde el aire,

montañas en los hombros

que sostienen el día

y su peso de horas,

ríos bajo la piel

que llevan la sangre

hacia puertos secretos.

Los poros respiran

su propia conversación

con el mundo,

intercambian humedad,

temperatura,

el aliento invisible

de estar viva.

 

En las noches,

cuando el cuerpo se abandona

al territorio de la sábana,

siento cómo cada músculo

recuerda su nombre,

cómo la carne se asienta

en su propia evidencia.

Mi piel es la frontera

más verdadera que habito:

aquí termino yo,

aquí comienza todo.

 

Pero a veces,

cuando alguien me toca,

esa frontera se vuelve

porosa,

permeable,

y descubro

que el cuerpo también

puede ser puente.


jueves, junio 11, 2026

Recetas para cocinar de memoria: El pan de la abuela

 La harina en el cuenco.

Las manos dibujan un hueco,

el agua llega tibia,

apenas temblando.

 



La levadura se disuelve

y el olor sube:

cocina de baldosas negras,

ventana con vaho,

la radio encendida que nadie escuchaba.

 

Se amasa lento.

Los nudillos empujan,

pliegan, estiran,

una y otra vez.

 

Ella amasaba sin mirar,

las manos anchas, seguras,

con un ritmo que no aprendió de nadie.

Golpeaba la masa con la palma abierta

—un golpe seco—

para saber si estaba lista.

 

Yo no heredé ese oído.

 

Espero el tiempo que ella no necesitaba.

Toco la masa y no sé lo que escucho.

La cubro con el paño

y confío en el reloj

donde ella confiaba en sus manos.

 

El pan crece.

La corteza se dora.

El aroma se posa en las cortinas,

en los pliegues de la ropa.

 

Corto el pan aún caliente.

Sabe a lo que aprendí

y a lo que perdí

al mismo tiempo.

miércoles, junio 03, 2026

Recetas para cocinar de memoria: Masa para empanadas


Comienzo con harina, tres tazas colmadas
que caen sobre la mesa. Hago
un volcán, un cráter que espera.

En el centro vierto agua tibia con sal
y el aceite dorado que resbala
antes de hundirse.

Mis manos entran al círculo de harina.
Los dedos mezclan desde adentro hacia afuera.

La masa resiste primero, se desmiga,
huye entre los dedos. Pero insisto
con el peso del torso, las palmas
empujando y doblando, empujando
y doblando, hasta que cede,
hasta que la superficie se cierra
sobre sí misma, tensa y fría. La envuelvo
en el paño húmedo—el mismo
de cuadros azules desteñidos—y espero.

Media hora. Mientras,
pico la cebolla para el relleno.
El cuchillo golpea la tabla, staccato
regular. El ardor sube a los ojos.
El comino cruje en el mortero,
se quiebra grano a grano.

Cuando estiro la masa, cuando el rodillo
va y viene con su rumor de madera antigua,
las manos se mueven solas, conocen
el grosor exacto, la presión justa.

El repulgue trenzado con los dedos:
trece pliegues por empanada,
siempre trece, ni uno más
ni uno menos. Así me enseñaron.

En el horno se doran despacio.
Cuando muerdo la primera,
quema un poco la lengua.

Valladolid: una tarde para habitar la poesía

Comparto con ustedes algunos videos de la presentación. 







Presentación de Manual para habitar los bordes sin cortarse - Valladolid

 


El pasado 29 de mayo tuve la enorme alegría de presentar Manual para habitar los bordes sin cortarse

en el auditorio de la Biblioteca Pública de Valladolid. Fue una tarde entrañable, llena de conversaciones, encuentros y emociones compartidas alrededor de la poesía.

La respuesta del público superó todas mis expectativas. Ver la sala llena de personas dispuestas a escuchar, dialogar y dejarse acompañar por las palabras fue uno de esos regalos que la escritura ofrece de vez en cuando y que justifican tantos años de trabajo silencioso.

Durante la presentación hablamos de los temas que recorren el libro: los límites emocionales y vitales, la memoria, la identidad, el desarraigo y la capacidad humana de reconstruirse incluso en los momentos más frágiles. Compartí también algunas reflexiones sobre el proceso de escritura de este poemario, nacido de años de observación, pérdidas, preguntas y reencuentros con la palabra.





Uno de los momentos más especiales de la velada fue el acompañamiento musical de mi marido, el músico Luis Mayol. Sus interpretaciones fueron tejiendo un hermoso diálogo entre la música y la poesía, aportando nuevas resonancias a los textos y creando una atmósfera íntima y emotiva. Entre las piezas que interpretó, ocupó un lugar muy especial Tu mirada es toda sur, una canción con letra de mi querida amiga Natividad Gómez Bautista y de Luis, y música de Luis, cuya sensibilidad y belleza emocionaron profundamente al público.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a la Biblioteca Pública de Valladolid por abrir sus puertas a la poesía y por la excelente acogida que recibimos. Mi gratitud también a la Asociación Cultural Habla, cuyo apoyo hizo posible este encuentro. Gracias por tender puentes, por facilitar el contacto y por acompañar con tanto entusiasmo la organización del acto.

Fue un privilegio compartir la presentación junto a mi editor y junto a Rocío Redondo y Laura Pineño, representantes de la asociación, cuya lectura atenta y generosa enriqueció el diálogo con el público. Sus intervenciones aportaron nuevas perspectivas sobre el libro y contribuyeron a crear un ambiente cálido y cercano.

Los libros empiezan a pertenecer realmente a sus lectores cuando abandonan la mesa de trabajo y salen al encuentro de otras miradas. En Valladolid sentí precisamente eso: que estos poemas comenzaban una nueva vida en la conversación compartida.


Gracias a todas las personas que asistieron, que hicieron preguntas, que compartieron sus impresiones y que se llevaron el libro a casa. Ojalá sus páginas les acompañen en sus propios bordes, en sus propias búsquedas y en esos lugares donde la fragilidad y la belleza se encuentran.

Nos seguimos encontrando en la poesía.



viernes, mayo 22, 2026

Recetas para cocinar de memoria: Flan de huevo


 

Cáscaras que ceden
con un crujido breve, casi seco.
Las yemas caen, se abren
en el fondo del bol,
su color exacto no tiene nombre.

La leche se mezcla
con la vainilla.
Solo el rumor de la cuchara
rompiendo la quietud del líquido.

El azúcar cae en el molde.
Lentamente se transforma
en caramelo,
burbujea, respira,
se aferra a los bordes.

La mezcla se cuela,
se bate sin prisa,
espuma ligera en la superficie.

Vierto el líquido despacio.
El baño María murmura,
su calor invisible se filtra
a través del metal.
Un vapor tenue se levanta,
olor a dulce apenas contenido.

La espera silenciosa huele a domingo.

Al desmoldar, el flan tiembla:
isla breve
sobre el plato frío.
El caramelo se desliza
y deja un rastro,
como si buscara quedarse
en la superficie.


Las manos que enseñaron
todavía entibian el molde.


martes, mayo 19, 2026

Recetas para cocinar de memoria: Arroz con leche

 


La leche sube,

casi desborda la olla esmaltada

El arroz, en puñado,

cae grano a grano, 

se dispersa,

algunos granos quedan pegados a la palma.

Los echo a la olla,

se hunden sin ruido.

La rama de canela, quebrada,

deja astillas en el borde

de la encimera.


La cáscara de limón

libera su aroma

y toda la casa

cambia de siglo. 

El azúcar llega al final,

casi nunca la misma cantidad.

La textura decide,

no las manos.

El vapor empaña el reloj de la pared,

mientras la cuchara de madera

traza círculos lentos

en la mezcla que nunca hierve del todo.

Dejo que el arroz se enfríe

junto a la ventana abierta.

Los cuencos esperan:

la superficie se cubre

con una piel fina,

que nadie retira de inmediato.

Sirvo el arroz con leche

y mis hijos ríen. 


En el aire, algo que no es mío,

El gesto de otra mano

Que también supo

Cuando estaba listo. 



domingo, mayo 17, 2026

El Manual llega a Valladolid

 El viernes 29 de mayo estaré presentando mi poemario 'Manual para habitar los bordes sin cortarse' en Valladolid. Agradezco a la Biblioteca de Castilla y León por acoger este evento. 



 


Me acompañarán Marcelo Saffores, editor, y Luis Mayol, músico. 
Os espero!

Si queréis comprar el libro, enviadme un mensaje a anniealtamirano2012@gmail.com 

¡Nos vemos el 29!

Presentación del Manual en Salamanca!


 


El miércoles 27 de mayo estaré presentando mi poemario 'Manual para habitar los bordes sin cortarse' en Salamanca. Agradezco a la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes por acoger este evento en la Torre de los Anaya. 


Me acompañarán Marcelo Saffores, editor, y Luis Mayol, músico. 
Os espero!

Si queréis comprar el libro, enviadme un mensaje a anniealtamirano2012@gmail.com 

¡Nos vemos el 27!


domingo, abril 19, 2026

Malbec

 



Hoy es dieciocho de abril

y el mundo levanta su copa

por esta cepa terca

que aprendió a ser grande

del otro lado del océano.

 

Pero yo no brindo por la cepa.

 

Brindo por lo que hace el tinto

cuando baja

y afloja

lo que uno lleva apretado

entre la garganta y la cordura.

 

Brindo por la primera copa,

que es educada,

por la segunda,

que ya tutea,

y por la tercera,

que te mira a la boca

sin pedir permiso.

 

El malbec tiene ese don:

oscuro como lo que no se dice de día,

espeso como lo que se piensa

cuando la conversación se acorta

y la distancia entre las sillas

empieza a sobrar.

 

Dame esa copa

y dame tu boca después,

que con esta desinhibición de uva negra

me bebería toda la saliva que me des,

cada palabra a medio decir,

cada silencio que sepa a tanino

y a ganas.

 

No me hables del terroir,

ni de la barrica,

ni del roble francés.

Hablame de lo que pasa

cuando el tinto calienta la sangre

y lo que era prudencia

se convierte en manos

que no calculan,

en lengua que no mide,

en piel que recuerda

que antes de ser civilizada

fue viña salvaje.

 

Esta noche brindo

por el malbec,

por su manera de decirme

que todo lo que callo

cabe en una copa

y se desborda

en la siguiente.

 

Salud.

jueves, abril 16, 2026

Los domingos son muy domingos

Los domingos son muy domingos

con su luz tardía cayendo oblicua

sobre el mantel que nadie dobla.

 

La mañana se demora en sí misma,

el café enfría despacio

y nadie apura el tiempo

porque el tiempo tampoco apura.

 

Afuera el barrio respira diferente,

los pasos suenan huecos en el adoquín,

las persianas a media asta

custodian ese acuerdo tácito de no exigirle nada al día.

 

Los domingos son muy domingos:

guardan en los bolsillos

el peso quieto de lo que no se hizo,

el olor a pan que alguien hornea lejos,

la voz de la radio filtrándose por la pared medianera.

 

Me siento en el umbral donde el sol apenas llega

y pienso en los domingos anteriores,

en cómo todos se parecen

y sin embargo ninguno es el mismo.

 El gato duerme su propio domingo sin culpa.

Yo aprendo de él:

no toda quietud es pérdida.

 

Cuando cae la tarde del domingo

con esa luz que ya no alcanza,

enciendo la primera lámpara

y el lunes comienza a existir en algún lugar remoto,

todavía ajeno,

todavía lejos.

@Annie Altamirano, Sierra de la Ventana, abril 2026




Domingo de bordes y plenitud

 


Hay fechas que no se escriben en el calendario. Se escriben adentro.

El domingo 12 de abril es, desde ahora, una de esas fechas.

Presenté "Manual para habitar los bordes sin cortarse" en la Casa de la Cultura de Punta Alta —mi ciudad, mi raíz, mi primer lector— y todavía no encuentro las palabras exactas para describir lo que pasó adentro mío mientras miraba esa sala llena de caras queridas.


Quince años de poemas. Quince años de talleres, de madrugadas, de dudas y de esa terquedad silenciosa que tiene la escritura cuando no te suelta. Todo eso cabía, de alguna manera, en ese escenario.

Mi amigo y colega Sergio Soler presentó el libro con esa generosidad y lucidez que lo caracterizan. Las escritoras Betty Ferrer y Emma Acha prestaron su voz a mis poemas —y hay algo extraño y hermoso en escuchar tus propias palabras en la boca de otra persona que las habita con genuino cariño. La música de mi gran amigo Víctor Volpe hizo el resto: convirtió la noche en algo que ya no era solo una presentación, sino un encuentro.




Estuvieron amigos de toda la vida. Compañeras de colegio. Ex-alumnos. Familia. Dos de mis profesores del secundario, que me vieron cuando yo todavía no sabía bien qué quería decir pero ya necesitaba decirlo.

Y entonces llegó la sorpresa.

La Declaración de Interés Municipal de mi persona y mi obra. No lo esperaba. Me tomó desprevenida, que es quizás la única forma en que algo así puede tocarte de verdad.

Elegí Punta Alta para ser la primera. Porque siempre se vuelve al principio. Porque este libro, publicado por Tarqus Editorial en Santiago de Compostela, viajará después a España y Europa —pero necesitaba nacer aquí, entre los míos.

Gracias a cada uno de los que estuvieron. A los que vinieron de lejos y a los que viven a la vuelta. A los que llegaron con flores y a los que llegaron con los ojos brillantes.

Los bordes, al final, no cortan tanto cuando uno no está solo.

martes, abril 07, 2026

El camino de las luciérnagas

 

A la hora en que los álamos relucen de atardecer,

cerca del río croan las ranas y comienza

la insistente convocatoria de los grillos.

Cae la noche en los sauces.

La oscuridad se dilata

y la impaciencia del verano se demora en la sierra.

 

En una esquina del ventanal llama la Cruz del Sur –

recompensa que tenemos

quienes trasnochamos en aquel hemisferio –

y comienza el balbuceo inasible

de las luciérnagas encendidas.

 

Vuelvo a los primeros manantiales

con el pecho abierto a las ausencias –

el corazón no sabe cómo narrar las migraciones -

y con la memoria amontonada en las arterias

escribo despacio el verso que los nombra.

 

Las estrellas se deprenden de la noche,

siguen su propia ruta,

antigua huella labrada.

Separo cuidadosamente los recuerdos,

el sosiego de aquellas voces

que conozco desde siempre,

y regreso al lugar donde dormía

siguiendo el camino de las luciérnagas.


@Annie Altamirano, en Manual para habitar los bordes sin cortarse, Ed. Tarqus, Marzo 2026


martes, marzo 10, 2026

Manual para habitar los bordes sin cortarse

 Ya está aquí.

Mi libro.

Mi primer poemario.
(Y sí… ya era hora.)

Se llama Manual para habitar los bordes sin cortarse y es un libro que nace de muchos años de escribir, callar, volver a escribir, perderse un poco y volver a encontrarse en la palabra.

Un libro sobre los límites, las grietas, las preguntas y esa manera que tenemos de seguir habitando el mundo —con cuidado, con rabia, con ternura— incluso cuando todo parece afilado.

Gracias de corazón a Marcelo Saffores, por acompañar este proceso con tanta sensibilidad y paciencia.
Y gracias a Editorial Tarqus por abrirle un lugar a este libro y hacerlo posible.

Hoy celebro que estas páginas ya no son solo mías.
Empiezan su camino.





Creación en fuga.

Ondear de vocablos

que sorprenden al aire.

 

Buscar el sustantivo

que nombran los espejos

- esquivo

- exiliado

- remoto

 

Buscar el rumbo

para conjugar lo indescifrable

- temblor

- umbral

. pausa

 

Sentir la respiración de las palabras,

el latido de los signos.

 

La escritura sobrevuela

el cráter inconexo del poema. 



domingo, febrero 22, 2026

IV Jornadas Poéticas Árabe-Hispano-Americanas



 Qué tarde tan serena y luminosa vivimos en las IV Jornadas Poéticas Árabe-Hispano-Americanas, en el Centro Cultural Torre de los Anaya. Un acto sencillo, sin estridencias, pero profundamente enriquecedor y fraterno.

Se rindió homenaje a los poetas Ala Abualshemlat (Siria) y Hussein Nahaba (Irak), cuyas palabras resonaron en árabe y en castellano, tendiendo puentes de emoción y memoria entre lenguas y orillas. Escuchar sus poemas en ambas lenguas fue un recordatorio hermoso de que la poesía no entiende de fronteras: atraviesa mapas, historias y acentos, y nos reúne en un mismo latido.




La multiculturalidad fue, sin duda, el alma de la jornada. Voces de distintos países compartiendo escenario, traduciendo, abrazando la palabra del otro. Ese intercambio —generoso y atento— nos enriqueció a todos. Fue un diálogo vivo entre culturas que demostró que la poesía es casa común.

Mi gratitud sincera a los organizadores, especialmente a Alfredo Pérez Alencart, por su entrega constante, y a los coordinadores que hicieron posible este encuentro. Gracias también a cada uno de los poetas amigos participantes, por su presencia, su palabra y su fraternidad.

Salimos con el corazón más amplio. Y eso, en estos tiempos, ya es mucho.

Aquí el poema que leí:


El cuerpo que recuerda 

En la cicatriz del tobillo
vive el verano de los ocho años,
la bicicleta roja
y el asfalto caliente
que me enseñó a caer.

Mis manos guardan
la textura de todas las superficies
que han tocado:
la corteza del ciruelo en el patio,
vestido de mi abuela,
la piel salada de quien amé
una tarde de enero.

Los músculos tienen su propia memoria:
mis piernas conocen el camino
a la casa de la infancia
aunque mis ojos
ya no la reconozcan.

Mi espalda recuerda
el peso exacto
de cada abrazo recibido,
el ángulo preciso
en que me incliné
para recoger una flor
que alguien me regaló
hace algunos años.

La lengua conserva
el sabor del primer beso,
el último sorbo de café,
la sal de las lágrimas
que lloré sin testigos.

En la curvatura de la nuca
se acumulan las caricias
nunca borradas,
en las palmas
permanece la forma
de las manos
que sostuvieron las mías.

Mi cuerpo es archivo,
cada célula
biblioteca que almacena
la historia completa
de haber vivido.

El cuerpo no olvida,
cada instante
convertido en postura,
en respiración,
en la forma exacta
que toma el aire
cuando entra
a llenar este espacio
que soy.

Poema que está publicado en un libro de próxima aparición. 



miércoles, diciembre 10, 2025

Creación en fuga



Ondear de vocablos

que sorprenden al aire.

 

Buscar el sustantivo

que nombran los espejos

- esquivo

- exiliado

- remoto

 

Buscar el rumbo

para conjugar lo indescifrable

- temblor

- umbral

. pausa

 

Sentir la respiración de las palabras,

el latido de los signos.

 

La escritura sobrevuela

el cráter inconexo del poema.

© Annie Altamirano



domingo, octubre 19, 2025

Territorio de arcilla

 


Mis manos conocen
la textura del barro húmedo,
la resistencia tibia
de la tierra que cede.

Hay algo en mí
que se reconoce
en el peso del lodo,
en la densidad oscura
del humus recién removido.

Cuando camino descalza
mis pies hablan el mismo idioma
que las raíces profundas,
mi cuerpo es extensión del suelo
que me sostiene.

Mi respiración
se vuelve más lenta,
mi pulso
se sincroniza
con el latido subterráneo
de los gusanos.

Soy hija de la gravedad,
del peso que atrae,
de la fuerza que ancla
las semillas a la oscuridad
hasta que aprenden
a buscar la luz.

En mis venas
corre savia espesa.
En mis huesos
se acumula el mineral
de todas las tormentas.

© Annie Altamirano

Publicado en: Bajo la sombra de los vencejos

XXVIII Encuentro de Poetas Iberoamericanos

Antología en homenaje a Carmen Martín Gaite 1925-2000, Gabriel Chávez Casazola y Carlos Aganzo

Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes

Quietud y vuelo

 


En la quietud de la raíz
habito,
en su abrazo oscuro
donde el tiempo no corre.
Soy piedra inmóvil,
aliento atrapado en el vientre del suelo,
una promesa que germina
sin romper el silencio.

Y el vuelo me llama,
con su vértigo de horizontes,
con su danza incierta sobre el abismo.
El aire me tienta,
me tiñe de luz y de vacío,
me dice que el peso no es eterno,
que en lo alto también se puede habitar.

Entre la raíz y el vuelo
mi ser oscila:
¿quedarme en lo profundo,
o perderme en lo alto?
Soy la duda del viento,
el anhelo del suelo,
la hoja que tiembla en la rama,
suspendida entre la quietud y el salto.

© Annie Altamirano

Publicado en: Bajo la sombra de los vencejos

XXVIII Encuentro de Poetas Iberoamericanos

Antología en homenaje a Carmen Martín Gaite 1925-2000, Gabriel Chávez Casazola y Carlos Aganzo

Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes


domingo, septiembre 28, 2025

Conquistar la pluma

 


Deambulo sin órbita

en el esquivo renglón de la extrañeza.

El lápiz y yo hablamos de eso:

de la palabra escondida,

de los signos que quiebran su seno,

de los cráteres inconexos del poema,

una gramática disgregando a otra.

 

         Acercar la respiración de las palabras al poema sofocado

        que respira solo las palabras precisas

        entre una arista y un filo.

 

               Empiezan a nacer vocablos veloces,

                                urgentes,

                                  abriendo el cielo.

 

Saliendo de la oscuridad,

cada palabra ocupa su sitio.

 

Conquistar la pluma y la caricia del sonido.

Volver a la hoja,

desnuda ante la palabra

y la razón del alfabeto.

Construir el signo en este mar blanco.

Habitar la precisión del verbo

y su certeza.

 

Yace aquí su contenido.

Concavidad y orilla.

Gruta interminable.

                 

                  Declinación difícil en pos del verso.

©Annie Altamirano


Formas breves: haiku y copla

 


Haikus

 

I

luces de neón

parpadean en la noche

ciudad insomne

II

pantalla en blanco

palabras que no llegaron

poeta en crisis

III

brisa de otoño

susurra entre los pinos

el tiempo fluye

IV

luna menguante

pálida en el estanque

noche apacible

V

flor de cerezo

cae silenciosamente

belleza fugaz

 

Copla

El viento trae tu nombre

en susurros de la tarde,

y aunque el tiempo todo esconde,

tu recuerdo aún me arde.

Dicen que el amor es ciego,

pero yo veo muy claro,

que en este ardiente fuego,

eres tú mi único faro.

 

Busco en cada amanecer

el reflejo de tus ojos,

y en las noches, al caer,

sueño con tus labios rojos.

 

No hay distancia ni razón

que apague esta llama viva,

pues late mi corazón

al ritmo de tu sonrisa.

 

Híbridos

(haiku y redondilla)

Noche de verano ardiente,

el grillo canta sin fin,

su melodía es jardín

de sueños en la mente.

 

Kireji flamenco

Guitarra llora -

en la noche andaluza

el cante aflora.

Duende que no se excusa.

 

 

Haikopla

Luna de otoño

baña el campo de trigo -

sombras se esconden

en susurros de abrigo

 

Coplaiku

La nieve cubre el cerezo

en plena floración rosada.

El invierno, en embeleso,

abraza a la flor soñada.

 

Pétalos y copos danzan

en una extraña armonía,

dos estaciones se alcanzan

en efímera alegría.


 ©Annie Altamirano


Torres de Fantasía

  Gracias a la Asociación Homero y en especial a Benito Gonzalez Garcia por invitarme a participar del recital Torres de Fantasía en la Tor...