Afuera la lluvia.
De este lado la ventana.
La tristura del invierno
respira sobre el cristal
y se condensa.
Afuera el agua.
Silenciosa cae sobre el
asfalto.
Migradora se desliza
calle abajo
en la delgada oscuridad
que presiente la mañana.
Afuera el alba.
Exige su razón de luz.
Atrás queda, ya inútil,
apenas consumida
la noche.
©Annie Altamirano
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