'... las estrellas para quien las trabaja', Juan Carlos Mestre, poeta

lunes, agosto 18, 2014

Aquí Alejandra - Poema de Julio Cortàzar a Alejandra Pizarnik

Bicho aquí,
aquí contra esto,
pegada a las palabras
te reclamo.
Ya es la noche, vení,
no hay nadie en casa
Salvo que ya están todas
como vos, como ves,
intercesoras,
llueve en la rue de l'Eperon
y Janis Joplin.
Alejandra, mi bicho,
vení a estas líneas, a este papel de arroz
dale abad a la zorra,
a este fieltro que juega con tu pelo

(Amabas, esas cosas nimias
aboli bibelot d'inanité sonore
las gomas y los sobres
una papelería de juguete
el estuche de lápices
los cuadernos rayados)

Vení, quedate.
tomá este trago, llueve,
te mojarás en la rue Dauphine,
no hay nadie en los cafés repletos,
no te miento, no hay nadie.
Ya sé, es difícil,
es tan difícil encontrarse
este vaso es difícil,
este fósforo.
y no te gusta verme en lo que es mío,
en mi ropa en mis libros
y no te gusta esta predilección
por Gerry Mulligan,
quisieras insultarme sin que duela
decir cómo estás vivo, cómo
se puede estar cuando no hay nada
más que la niebla de los cigarrillos,
como vivís, de qué manera
abrís los ojos cada día
No puede ser, decís, no puede ser.

Bicho, de acuerdo,
vaya si sé pero es así, Alejandra,
acurrúcate aquí, bebé conmigo,
mirá, las he llamado,
vendrán seguro las intercesoras,
el party para vos, la fiesta entera,
Erszebet,
Karen Blixen
ya van cayendo, saben
que es nuestra noche, con el pelo mojado
suben los cuatro pisos, y las viejas
de los departamentos las espían Leonora Carrington, mirala,
Unica Zorn con un murciélago
Clarice Lispector, agua viva,
burbujas deslizándose desnudas
frotándose a la luz, Remedios Varo
con un reloj de arena donde se agita un láser
y la chica uruguaya que fue buena con vos
sin que jamás supieras
su verdadero nombre,
qué rejunta, qué húmedo ajedrez,
qué maison close de telarañas, de Thelonious,
que larga hermosa puede ser la noche
con vos y Joni Mitchell
con vos y Hélène Martin
con las intercesoras
animula el tabaco
vagula Anaïs Nin
blandula vodka tónic

No te vayas, ausente, no te vayas,
jugaremos, verás, ya verás, ya están llegando
con Ezra Pound y marihuana
con los sobres de sopa y un pescado
que sobrenadará olvidado, eso es seguro,
en un palangana con esponjas
entre supositorios y jamás contestados telegramas.
Olga es un árbol de humo, cómo fuma
esa morocha herida de petreles,
y Natalía Ginzburg, que desteje
el ramo de gladiolos que no trajo.
¿Ves bicho? Así. Tan bien y ya. El scotch,
Max Roach, Silvina Ocampo,
alguien en la cocina hace café
su culebra contando
dos terrones un beso
Léo Ferré
No pienses más en las ventanas
el detrás el afuera
Llueve en Rangoon ---
Y qué.
Aquí los juegos. El murmullo
(Consonantes de pájaro
vocales de heliotropo)
Aquí, bichito. Quieta. No hay ventanas ni afuera

y no llueve en Rangoon. Aquí los juegos.

martes, agosto 12, 2014

Poemas de Cesare Pavese (1908 - 1950)

Volverían los gestos del inútil dolor,
golpeando las cosas a lo largo del tiempo.
Pero la voz no vuelve, y el murmullo remoto
no levanta el recuerdo. La luz inmóvil
da su hálito fresco. Para siempre el silencio
queda, ronco y sumiso, en el recuerdo de entonces.

Fragmento del poema "La voz"

En "Antología poética" (Plaza y Janés, colección "El Ave Fénix", 1985)
Traducción de José Agustín Goytisolo. Edición bilingüe

VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos-
esta muerte que nos acompaña
desde el alba hasta la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo. Y tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te postras
ante el espejo. Oh, querida esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene
............................ la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio frío.
Descenderemos mudos al abismo.

CESARE PAVESE

(traducción de Luis Llorente)

Poemas de Dionisio Ridruejo (1912-1975)

Cementerio

Negar la muerte es imposible. Viene
por todas partes. Como hielo crudo
que desdora el otoño y como rayo
que raja el tronco de la primavera.
Como secreta podredumbre viva
que deja de comer o como bruto
que desde fuera rasga. La llevamos
en las horas contadas o nos tiende
su trampa en el descuido. Es nuestra casa
originaria donde volveremos
sin remedio a dormir. No hay quien la oculte.
Cabe disimularla. Para todo
tiene industrias el hombre y hay estudios
de repintar cadáveres con suave
música celestial y hasta con discos
donde el muerto agradece los favores.
Aunque al fin es preciso devolverlo
a su dueña. Sembrarlo o reducirlo
a vago polvo estéril. Pero es terco
en su residuo. Al fin y al cabo el hombre
se ha hecho labrando su esperanza sorda
en urnas y pirámides. No puede
de un golpe separarse de sus muertos,
separarse del sueño de ser sueño
en tierra inacabable. Su gastada
resistencia ha inventado estos jardines
donde la muerte late con los pájaros,
negada, distraída. Donde un niño,
el más medroso de los niños, puede
quedarse con sus juegos, pues ninguno
de los parques sonríe mejor hierba
ni en octubre se encienden tantos cobres,
púrpuras, oros, ocres, verdes suaves
de ala tendida, como en su arboleda.
Los hermosos jardines de la muerte
sobreentendida, entre los hitos pulcros
sin patetismo, chicos como el ara
de alguna ninfa, donde queda impresa
la cruz, la estrella, el nombre, como un llanto
de manantial sin énfasis que enjuga
la piadosa alegría de las flores.


"Casi en prosa" (1968-1970), sección I: "Cuadernos de Madison"
En "Poesía" (antología), Alianza Editorial, 1976


ALELLA

Todo debe morir. Es una casa
grande y para todo tiempo,
con materiales crudos, declarantes
que aún describen el pulso
de las manos obreras. Con espacios
habitables sin tasa.

Abajo los lagares,
con humedad y telaraña en botas,
hace tiempo olvidaron
el vino antiguo.

Arriba, como yugos para bueyes
de cíclope, las vigas sin desgaste
y las ventanas chicas que dibujan
lo que miran: cipreses y glicinas,
avellanos azules,
una casa traída de Toscana,
el cielo pajarero donde charlan
las hojas con los picos invisibles;
cañaverales con alberca, un huerto
de pozo, una colina
arenosa de vides y pinares
diminutos: lo limpio.

"En breve" (1975), su último libro, escrito poco antes de morir.

Selección de Luis Felipe Vivanco. Introducción de Marià Manent