'... las estrellas para quien las trabaja', Juan Carlos Mestre, poeta

viernes, agosto 26, 2016

II Encuentro de Mujeres Poetas en Piedrahíta


Recital Poético en Huerta Otea

En el mes de junio, la Asociación de vecinos de Huerta Otea organizó un recital poético musical en el Colegio Mayor Nta. Señora de Guadalupe. al mismo asistieron poetas de Salamanca y los miembros del grupo SonLetras. 

Yo no salí porque estaba tomando fotos y cuando leí nadie se avivó de sacarme una! Buaahhhhhh!










MARÍA ZAMBRANO: LA FILÓSOFA QUE AMABA A LOS GATOS - Paco González Fuentes

Reproduzco a continuación un texto de Paco González Fuentes sobre Maria Zambrano, Roma y la pasión gatuna.

A María Zambrano le habría entusiasmado la existencia de una revista literaria con un nombre tan hermoso como “El ático de los gatos”.

La filósofa tuvo una relación tan visceral y entrañable con ellos como la que mantuvo con Roma. En esta ciudad se convirtió en una gattara.

Ya en su primera estancia -unos meses desde el verano de 1949 hasta junio de 1950- la llamó “mi patria”; Roma –deslumbrante, sacra y sensual, laberíntica- la enamoró desde el primer instante. En un texto muy tardío, una María Zambrano octogenaria, evoca “la sensualidad de su cielo y de su aire” y dice que “se diría que es un aire comestible, que a veces uno se siente en Roma como dentro de una fruta”. (Zambrano, 2014 , VI, 668). Regresó en 1953 y esta vez su estancia se prolongó 11 años.

Se ha vinculado la extrema generosidad de las hermanas Zambrano con los gatos a los “problemas”1 de Araceli. Sometida a tortura psicológica por los nazis, Araceli Zambrano “aliviaba” su angustia con amores fallidos ba advirtiéndonos: “Volveré”. Iba a llevar comida a los gatos que le esperaban en una esquina, costumbre de algunos romanos compasivos” (1983, 124-126).

En septiembre de 1963 -denunciadas por un vecino- fue decretada su expulsión por la “cuestión” de los gatos alojados en su apartamento. Carlo Ferrucci sostiene la fundada tesis de que el abandono de Roma fue un acto voluntario, “una elección tomada en parte bajo el efecto de un alejamiento forzoso”. El jefe de la Policía le dijo a María Zambrano: “El mundo, señora, se divide en dos: los que aman a los animales y los que no los aman”. Esta palabras -concluye Ferrucci- debieron de convencerla de que si en Roma, la ciudad de los gatos, no querían a los gatos como ella y Araceli los querían, entonces, esta Roma, o mejor, estos romanos que no tenían el suficiente amor, no merecían ya su amor” (Ferrucci, 2016, 4).
Abandonaron la ciudad -ella, Araceli y los gatos- meses después e iniciaron otra etapa de su largo exilio itinerante en La Pièce (Francia), en una casita en el bosque. Los años en ese lugar -entre los árboles- fueron iny ofreciendo compulsivamente cobijo a los gatos romanos.
Pero la generosa acogida a estos animales por parte de las hermanas Zambrano no es solo imputable al “trastorno” de Araceli. Entendemos –así nos lo confirma Rosa Mascarell-2 que esa generosidad no solo era tolerada por una María Zambrano solidaria con el gesto de su hermana, sino que expresaba su propio sentimiento hacia los gatos: la piedad.
En el mismo sentido Mª Luisa Maillard sostiene que María Zambrano “asumió esa peculiar circunstancia y amó a los gatos, representación ancestral de lo sagrado en muchas religiones” (Maillard, 2009, 93).

La “reforma del entendimiento” planteada por Zambrano, su “razón poética”, integradora de la perspectiva filosófica y de la mirada poética, atiende “a todo cuanto ha quedado en la sombra, sumergido o marginado, porque es ése, para ella, el lugar de la verdad, allí donde anida la “posibilidad”, algo capaz de responder al presente de una civilización que se desploma” (Revilla, 2015, 84-85). En esa zona de sombra –olvidados o relegados a un posición subalterna por gran parte de la tradición filosófica- están los sentimientos, las emociones.

A uno de ellos -a la piedad- dedicó María Zambrano especial atención. Consiste -explica Mercedes Gómez Blesa- “en un sentimiento de comunión con las múltiples manifestaciones de lo real” (2008, 193). María Zambrano escribe que la “piedad es un sentimiento de la heterogeneidad del ser, de la cualidad del ser, y es anhelo -por tanto- de encontrar los tratos y modos de entenderse con cada una de esas maneras múltiples de realidad” (1989, 21).
Manifestación sibilina de lo real, de “lo otro”, son esos seres sigilosos y enigmáticos que en Roma son multitud: los gatos. El 2 de junio de 1985 María Zambrano recuerda sus años de exilio en Roma: “Roma es hija de una Venus nutricia. Allí hay que dar de comer. Tan es así, que a la infinidad de gatos que se esconden, aparecen y reaparecen, famélicos, parturientas las gatas, desesperados los gatos, brillantes los ojos del hambre, hay que darles de comer, hay que dar de comer en Roma, es lo primero que hay que hacer” (Zambrano, 2014, VI, 668). Y así lo hacía; no solo tenía en su casa a un número ingente de gatos, sino que alimentaba a los callejeros.

El poeta Jorge Guillén nos ofrece este testimonio en un artículo que fue publicado en la revista “Litoral”: “Nos reuníamos a veces en el Café Rosati, Piazza del Popolo, y antes de terminar la cena María se marchatelectualmente productivos y los gatos deambularon libres, alimentados, mimados. Araceli falleció en 1972.

Muchos años después, finalizado su larguísimo exilio, ya en Madrid, su actividad intelectual no cesó. En 1988 le concedieron el Premio Cervantes.
Tres años antes, en 1985, enterró a sus dos gatas –Tigra y Blanquita- y Jesús Moreno Sanz le regalo otras dos, Lucía y Pelusa, que le acompañaron hasta su muerte el día 6 de febrero de 1991.

La afectividad es, para María Zambrano, el núcleo originario del ser humano, su centro. Antes que la representación intelectual o el concepto nos habita el sentir. Los sentimientos nos vinculan al resto de los seres y a las cosas, a la naturaleza y a las quimeras, a los gatos y a los dioses, a la multiplicidad, a la heterogeneidad de lo real.

NOTAS
1- El compañero de Araceli Zambrano era el gaditano Manuel Muñoz, colaborador del Presidente de la República Manuel Azaña, Director General de Seguridad y Diputado por Cádiz en el Congreso durante el periodo republicano. Perseguido por la Gestapo y reclamado por la policía franquista fue finalmente detenido en París y extraditado a España donde fue fusilado en 1942. Araceli fue engañada por un espía alemán que a cambio de mantener “relaciones” le prometió que no sería entregado a las autoridades españolas. Araceli no “superaría” nunca este hecho. Sobre esta trágica experiencia existe un estudio del investigador Fernando Sigler titulado “Cautivo de la Gestapo”.
2- Rosa Mascarell, licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad de Valencia, Máster en Estética y Teoría de las Artes por la Universidad Autónoma de Madrid, trabajó como secretaria personal de María Zambrano en Madrid durante los últimos años de la vida de la filósofa. Pintora de prestigio, estudiosa del arte, gestora cultural y apasionada por la literatura, su formación filosófica y la experiencia vivida junto a María Zambrano la convierten en una profunda conocedora de su pensamiento. Nos hemos puesto en contacto con ella para la elaboración de este artículo y le agradecemos profundamente sus comentarios y su generosidad.

BIBLIOGRAFÍA
FERRUCCI, Carlo. “Roma en María Zambrano”. Web. 2 jun. 2016. (http://.cervantes.es/literatura/zambrano_roma/ferrucci.htm)
GÓMEZ BLESA, Mercedes. La razón mediadora. Filosofía y piedad en María Zambrano. Burgos: Editorial Gran Vía, 2008.
GUILLÉN, Jorge. “Recuerdos en Roma”, Revista Litoral, 1983: 124-126.
MAILLARD, María Luisa. Vida y obra de María Zambrano. Madrid: Elia Editores, 2009.
REVILLA, Carmen. “María Zambrano. El realismo poético” La maleta de Portbou nº 9. En.-Feb.2015:84-85.
ZAMBRANO, María. Para una historia de la Piedad. Málaga: Torre de las Palomas, 1989.

- - -. Obras Completas VI. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2014.

jueves, agosto 25, 2016

A la solombra d'una zrezal - Xuan Bello

Este poema lo leyó en asturiano Xuan Bello en Baeza. Obviamente me emocioné.




El día que morrió mio buelu suañó que taba
a la solombra d’una zrezal cerca del ríu, durmiendo.
Y mentes dormía suañaba que les zreces yá madures
de xuno apicalvaben, poníense verdes y espalmaben
ente la fueya rosao d’una antigua mañana de marzu.
Suañó que los caminos ermos abríen al pasu de la xente
que volvía con cantares na boca y palabres perdíes
cuantayá pela xamasca. Suañó cases que nacíen del fueu,
yerba del gadañu, árboles de la madera.
Suañó una vieya furmosa que yera a cada día que pasaba
muncho más nueva.
Y cuando acordó, un nenu salió d’él,
camín del ríu, corriendo.



La inmortalidad

video

Nunca he tenido dioses
y tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé juicio
en el que rendir cuentas de mis días.

Decidido a vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme en los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia,
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.

Y de pronto en el bosque se encendieron los árboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rincón,
el viento abrió sus manos
y los hoteles sus habitaciones.
Parecía la tierra más desnuda,
porque la noche fue,
como el vacío,
un resplandor oscuro en medio de la luz.

Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua,
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.
Es otra mi razón. Que no me lea
quien no haya visto nunca conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.

La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.

No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.

  
De: Completamente viernes
LUIS GARCÍA MONTERO
Copyright © Derechos reservados del titular.

Este es el poema que recitó Luis García MOntero en Baeza. Lamentablemente el video que yo grabé parece ser demasiado grande para subirlo al blog, así que va en su voz pero grabado en otra ocasión. 



Las clases magistrales impartidas en Baeza y los recitales de poesía



García Lorca visita a Machado. Dr. Luis García Montero. Universidad de Granada
  
Del “Romance de la luna, luna”, a la “Danza da lúa en Santiago”: el astro espejo y la poética lorquiana. Dra. Itzíar López Guil. Universidad de Zürich

Nace Blas de Otero. Dra. Laura Scarano. Universidad de Mar del Plata, aquí en la foto con Luis García Montero. 



Juan Ramón Jiménez viaja a Nueva York. Dra. Almudena del Olmo Iturriarte. Universitat de les Illes Balears
Machado recibe a García Lorca. Dr. Francisco Díaz de Castro. Universitat de les Illes Balears.




Rubén Darío, viajero. Dr. Juan Carlos Abril. Universidad de Granada en la foto junto al Dr. Díaz de Castro, quien fuera profesor suyo.

Una novedad este año fue invitar a poetas presentes a leer sus poemas al finalizar las clases. Así intervinieron las poetas Marisa Martínez Pérsico, nacida en Argentina, Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y actualmente residente en Italia donde imparte clases en las universidades de Tuscia y Guglielmo Marconi, y Virginia Cantó, murciana, licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Literatura Española en dicha universidad.


También intervinieron María Ruiz Ocaña, una sevillana encantadora con quien hemos compartido ratos muy agradables, Miguel Rollón Muñoz y un joven poeta asturiano del que lamentablemente no pude pillar el nombre. 



Y el último día me animé y subí a leer dos de mis poemas: ¡NO! y Ciclo lunar. 


ANTONIO MACHADO Y FEDERICO GARCÍA LORCA, 1916-2016. BAEZA, LUGAR DE POESÍA Y ENCUENTRO

Este verano también tuve la suerte de asistir a un curso en el que, durante cuatro días, desfilaron por Baeza los más importantes críticos y poetas del panorama contemporáneo, quienes nos contaron sus impresiones sobre la poesía en las diferentes lenguas del Estado y su actualidad.

Además, en Baeza, en 1916, se encontraron Federico García Lorca y Antonio Machado. Por lo tanto una buena parte del curso se dedicó al estudio de las poéticas de cada uno, sus relaciones y, de manera transversal la atmósfera poética de 1916. 


Además de la visita de García Lorca a Baeza, fue el año en el que Juan Ramón Jiménez viajó a Nueva York, murió Rubén Darío y nació Blas de Otero, por lo tanto los profesores disertantes se refirieron también a la importancia de estos poetas en el panorama literario hispanoamericano.


Luis García Montero y Juan Carlos Abril, directores del curso, también quisieron proponer a la poesía como lugar de encuentro y de entendimiento de culturas. De ahí que se propició un diálogo entre las distintas lenguas del Estado y entre las dos orillas del español. A este fin, acudieron los poetas Joan Margarit, Bernardo Atxaga, Manuel Rivas y Xuan Bello, quienes analizaron la situación de la poesía en catalán, vasco, gallego y asturiano y nos deleitaron con poemas en esas lenguas.



En la ceremonia de inauguración de los cursos, Luis García Montero y Miguel Ríos, que impartía unas clases en el curso de Historia del Rock, nos deleitaron con una conversación interesantísima y muy divertida que dio paso luego a un mini concierto de Miguel. 





Todo esto mas la oportunidad de compartir charla y vivencias con los poetas y con gente de distintos sitios de España hicieron de este viaje a Baeza una experiencia inolvidable que repetiré el próximo año. 





sábado, junio 18, 2016

'Sobre la poesía' ('Hacia el sur', 1982) - Juan Gelman




Habría un par de cosas que decir/
que nadie la lee mucho/
que esos nadie son pocos/
que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial/ y

con el asunto de comer cada día/ se trata
de un asunto importante/ recuerdo
cuando murió de hambre el tío juan/
decía que ni se acordaba de comer y que no había problema/

pero el problema fue después/
no había plata para el cajón/
y cuando finalmente pasó el camión municipal a llevárselo
el tío juan parecía un pajarito/

los de la municipalidad lo miraron con desprecio o desdén/murmuraban
que siempre los están molestando/
que ellos eran hombres y enterraban hombres/y no
pajaritos como el tío juan/especialmente

porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje hasta el crematorio municipal/
y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/
y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/
el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que les hacía pío-pío en la cabeza/el

tío juan era así/le gustaba cantar/
y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/
entró al horno cantando pío-pío/ salieron sus cenizas y piaron un rato/
y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza/pero

volviendo a la poesía/
los poetas ahora la pasan bastante mal/
nadie los lee mucho/ esos nadie son pocos/
el oficio perdió prestigio/ para un poeta es cada día más difícil

conseguir el amor de una muchacha/
ser candidato a presidente/ que algún almacenero le fíe/
que un guerrero haga hazañas para que él las cante/
que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro/

y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron las muchachas/ los almaceneros/ los guerreros/ los reyes/
o simplemente los poetas/
o pasaron las dos cosas y es inútil
romperse la cabeza pensando en la cuestión/

lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío
en las más raras circunstancias/
tío juan después de muerto/ yo ahora
para que me quieras.

T. S. Eliot - Fragmentos sobre la poesía y los poetas




Quienes nos hablan de lo que debería hacer la poesía, especialmente si son poetas, habitualmente tienen presente la clase de poesía que a ellos les gustaría escribir.
Creo que el interés de los escritos críticos de los poetas, de los cuales ha habido ejemplos notables, se debe en gran parte al hecho de que el poeta, en el fondo, aunque no sea ese su propósito ostensible, trata siempre de defender la poesía que él hace, o de exponer qué tipo de poesía quiere escribir. En especial si es joven, y si está activamente entregado a luchar por el tipo de poesía que él practica, ve la poesía del pasado en relación con la propia, y tal vez resulte exagerado en su gratitud a los poetas muertos de quienes ha aprendido o en su indiferencia por aquellos cuya meta le ha sido ajena. No es tanto un juez cuanto un abogado.
Podríamos afirmar que el poeta como poeta sólo indirectamente tiene una obligación frente a su pueblo; su obligación directa es con su lengua: conservarla primero, y ampliarla y perfeccionarla en segundo término.

Es claro que si no tenemos una literatura viva, iremos alejándonos cada vez más de la literatura del pasado; si no conservamos una continuidad, nuestra literatura del pasado se hará más y más remota hasta que llegue a sernos tan ajena como la literatura de un pueblo extranjero.

No creo que la tarea del poeta sea siempre y sobre todo revolucionar el lenguaje. No sería conveniente, aun en caso de que fuera posible, vivir en estado de revolución permanente: el anhelo de novedades continuas de lenguaje y de métrica es tan poco saludable como al apego al lenguaje de nuestros antepasados. Hay épocas de exploración y épocas de explotación del terreno ganado.  

Hay que quebrar y rehacer las formas: pero creo que cada lengua, mientras siga siendo esa lengua, impone sus leyes y restricciones y admite sus propias licencias, establece sus propios ritmos y pautas sonoras. Y la lengua cambia constantemente: el poeta debe aceptar y aprovechar sus cambios de vocabulario, de sintaxis, de pronunciación y de entonación –a la larga, hasta su menoscabo.

Yo no confiaría en el gusto de nadie que no leyera jamás poesía contemporánea, y desde luego que no confiaría en el de nadie que no leyera nada más que eso.

De "Función social de la poesía", "La música de la poesía" y "¿Qué es poesía menor?".
En Sobre la poesía y los poetas (Sur, 1959)

Traducción de María Raquel Bengolea