'... las estrellas para quien las trabaja', Juan Carlos Mestre, poeta

sábado, junio 18, 2016

'Sobre la poesía' ('Hacia el sur', 1982) - Juan Gelman




Habría un par de cosas que decir/
que nadie la lee mucho/
que esos nadie son pocos/
que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial/ y

con el asunto de comer cada día/ se trata
de un asunto importante/ recuerdo
cuando murió de hambre el tío juan/
decía que ni se acordaba de comer y que no había problema/

pero el problema fue después/
no había plata para el cajón/
y cuando finalmente pasó el camión municipal a llevárselo
el tío juan parecía un pajarito/

los de la municipalidad lo miraron con desprecio o desdén/murmuraban
que siempre los están molestando/
que ellos eran hombres y enterraban hombres/y no
pajaritos como el tío juan/especialmente

porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje hasta el crematorio municipal/
y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/
y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/
el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que les hacía pío-pío en la cabeza/el

tío juan era así/le gustaba cantar/
y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/
entró al horno cantando pío-pío/ salieron sus cenizas y piaron un rato/
y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza/pero

volviendo a la poesía/
los poetas ahora la pasan bastante mal/
nadie los lee mucho/ esos nadie son pocos/
el oficio perdió prestigio/ para un poeta es cada día más difícil

conseguir el amor de una muchacha/
ser candidato a presidente/ que algún almacenero le fíe/
que un guerrero haga hazañas para que él las cante/
que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro/

y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron las muchachas/ los almaceneros/ los guerreros/ los reyes/
o simplemente los poetas/
o pasaron las dos cosas y es inútil
romperse la cabeza pensando en la cuestión/

lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío
en las más raras circunstancias/
tío juan después de muerto/ yo ahora
para que me quieras.

T. S. Eliot - Fragmentos sobre la poesía y los poetas




Quienes nos hablan de lo que debería hacer la poesía, especialmente si son poetas, habitualmente tienen presente la clase de poesía que a ellos les gustaría escribir.
Creo que el interés de los escritos críticos de los poetas, de los cuales ha habido ejemplos notables, se debe en gran parte al hecho de que el poeta, en el fondo, aunque no sea ese su propósito ostensible, trata siempre de defender la poesía que él hace, o de exponer qué tipo de poesía quiere escribir. En especial si es joven, y si está activamente entregado a luchar por el tipo de poesía que él practica, ve la poesía del pasado en relación con la propia, y tal vez resulte exagerado en su gratitud a los poetas muertos de quienes ha aprendido o en su indiferencia por aquellos cuya meta le ha sido ajena. No es tanto un juez cuanto un abogado.
Podríamos afirmar que el poeta como poeta sólo indirectamente tiene una obligación frente a su pueblo; su obligación directa es con su lengua: conservarla primero, y ampliarla y perfeccionarla en segundo término.

Es claro que si no tenemos una literatura viva, iremos alejándonos cada vez más de la literatura del pasado; si no conservamos una continuidad, nuestra literatura del pasado se hará más y más remota hasta que llegue a sernos tan ajena como la literatura de un pueblo extranjero.

No creo que la tarea del poeta sea siempre y sobre todo revolucionar el lenguaje. No sería conveniente, aun en caso de que fuera posible, vivir en estado de revolución permanente: el anhelo de novedades continuas de lenguaje y de métrica es tan poco saludable como al apego al lenguaje de nuestros antepasados. Hay épocas de exploración y épocas de explotación del terreno ganado.  

Hay que quebrar y rehacer las formas: pero creo que cada lengua, mientras siga siendo esa lengua, impone sus leyes y restricciones y admite sus propias licencias, establece sus propios ritmos y pautas sonoras. Y la lengua cambia constantemente: el poeta debe aceptar y aprovechar sus cambios de vocabulario, de sintaxis, de pronunciación y de entonación –a la larga, hasta su menoscabo.

Yo no confiaría en el gusto de nadie que no leyera jamás poesía contemporánea, y desde luego que no confiaría en el de nadie que no leyera nada más que eso.

De "Función social de la poesía", "La música de la poesía" y "¿Qué es poesía menor?".
En Sobre la poesía y los poetas (Sur, 1959)

Traducción de María Raquel Bengolea

viernes, junio 17, 2016

Fundación mítica de Buenos Aires - Jorge Luis Borges



¿Y fue por este río de sueñera y de barro
que las proas vinieron a fundarme la patria?
Irían a los tumbos los barquitos pintados
entre los camalotes de la corriente zaina.

Pensando bien la cosa, supondremos que el río
era azulejo entonces como oriundo del cielo
con su estrellita roja para marcar el sitio
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.

Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
por un mar que tenía cinco lunas de anchura
y aún estaba poblado de sirenas y endriagos
y de piedras imanes que enloquecen la brújula.

Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,
pero son embelecos fraguados en la Boca.
Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.

Una manzana entera pero en mitá del campo
presenciada de auroras y lluvias y sudestadas.
La manzana pareja que persiste en mi barrio:
Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.

Un almacén rosado como revés de naipe
brilló y en la trastienda conversaron un truco;
el almacén rosado floreció en un compadre,
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.

El primer organito salvaba el horizonte
con su achacoso porte, su habanera y su gringo.
El corralón seguro ya opinaba Yrigoyen,
algún piano mandaba tangos de Saborido.

Una cigarrería sahumó como una rosa
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,
los hombres compartieron un pasado ilusorio.
Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
La juzgo tan eterna como el agua y el aire.




Palabra De Borges

Poemas de Jorge Luis Borges en su voz

video

Astor Piazzolla: «Jacinto Chiclana»

Jorge Luis Borges - 30 años

En uno de sus extraordinarios ensayos, Juan Goytisolo afirma que la renovación de la literatura en lengua española en el siglo XX provino de dos hechos fundamentales que no se dieron en España sino en América Latina: la relectura que Jorge Luis Borges hizo de la obra de Cervantes, y la que José Lezama Lima hizo de Góngora.



¿Cuál fue la gran revolución de Borges? William Ospina asegura que la cultura en la que vivimos hoy no sería concebible sin él, pues de algún modo “trajo a América Latina todas las cosas del mundo”. Dicho de otro modo, la obra de Borges familiarizó a sus lectores con contenidos que provenían de culturas lejanas, en la geografía y en la Historia, sin necesidad de que todo eso pasara antes por España o cualquier otro de los centros de los que América Latina era subsidiaria.



Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899 y murió en Ginebra, Suiza, el 16 de junio de 1986. Reconocido con el Premio Cervantes, el más importante de las letras españolas, en 1979, Borges escribió prosa, poesía y ensayos. Estudió en Ginebra e Inglaterra. Vivió un breve periodo en España antes de regresar a Argentina en 1921, donde firmó el primer manifiesto ultraísta.

Fundó la revista literaria Prisa y Prosa y publicó el libro de poemas Fervor de Buenos Aires (1923), así como Historia universal de la infamia (1935), una serie de relatos breves basados en historias reales, pero tergiversadas, con el toque propio del autor. “Son el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética alguna vez) ajenas historias”, dijo de ellas el genio argentino que alcanzó sus mayores cotas de maestría con los relatos breves. Pese a ello, tampoco descuidó la poesía. Entre otros, publicó los libros de poemas El otro, El mismo, Elogio de la sombra, El oro de los tigres, La rosa profunda o La moneda de hierro.
Borges, quien escribió que “siempre he pensado que el paraíso sería algún tipo de biblioteca”, fue bibliotecario en Buenos Aires de 1937 a 1945, profesor de Literatura en la Universidad de Buenos Aires, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, miembro de la Real Academia Argentina de las Letras y director de la Biblioteca Nacional de Argentina desde 1955 hasta 1974.

El escritor argentino es recordado, sobre todo, por sus relatos memorables. Narraciones donde aparecen personajes misteriosos con intereses difíciles de descifrar, objetos mágicos, con cualidades peculiares, de los que se sirve para jugar con el tiempo, el espacio y otros conceptos que él malea a su antojo para fascinación del lector. Como El Aleph, “uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos” o El Libro de Arena, una obra con páginas infinitas. De repente, nada es lo que parece. Todo cambia. No hay normas en estos relatos. Ni fronteras. Todo es posible.


Uno de los relatos más fascinantes de Borges es Pierre Menard, autor del Quijote, donde un escritor se propone escribir la obra de Cervantes. “No quería componer otro Quijote -lo cual es fácil-, sino el Quijote. Inútil agregar que no encaró nunca una transcripción mecánica del original, no se proponía copiarlo”. La literatura tiene mucha presencia en sus obras. También la religión, que es otro de los temas recurrentes de sus relatos. Como en La secta de los treinta, que el propio Borges define como “una herejía imposible”, en la que se venera por igual a Cristo y a Judas, quien según la tradición cristina vendió a aquel por 30 monedas.

El Hacedor

Somos el río que invocaste, Heráclito.
Somos el tiempo. Su intangible curso
acarrea leones y montañas,
llorado amor, ceniza del deleite,
insidiosa esperanza interminable,
vastos nombres de imperios que son polvo,
hexámetros del griego y del romano,
lóbrego un mar bajo el poder del alba,
el sueño, ese pregusto de la muerte,
las armas y el guerrero, monumentos,
las dos caras de Jano que se ignoran,
los laberintos de marfil que urden
las piezas de ajedrez en el tablero,
la roja mano de Macbeth que puede
ensangrentar los mares, la secreta
labor de los relojes en la sombra,
un incesante espejo que se mira
en otro espejo y nadie para verlos,
láminas en acero, letra gótica,
una barra de azufre en un armario,
pesadas campanadas del insomnio,
auroras, ponientes y crepúsculos,
ecos, resaca, arena, liquen, sueños.
Otra cosa no soy que esas imágenes
que baraja el azar y nombra el tedio.
Con ellas, aunque ciego y quebrantado,
he de labrar el verso incorruptible

y (es mi deber) salvarme.

domingo, junio 05, 2016

Poemas de Chantal Maillard ... algunos de ellos leídos en Juzbado el 4 de junio de 2016

Anduve por el dorso de tu mano, confiada...

Anduve por el dorso de tu mano, confiada,
como quien anda en las colinas
seguro de que el viento existe,
de que la tierra es firme,
de la repetición eterna de las cosas.
Mas de repente tembló el universo:
llevaste la mano a tus labios
y bostezando abriste la noche
como una gruta cálida.

Llevabas diez mil siglos despertando
y el fuego ardía impaciente en tu boca.


De "Hainuwele" 1990



El cansancio

El cansancio. De nuevo, el
cansancio. El esfuerzo por
sobrevivir. Reiterado

Observar las nubes.
Dentro.
Barrer.
Dentro.

Elegir quedar.

                                       Toda nube
lleva una trayectoria. Asumir
la trayectoria. Imposible
barrer todo siempre. Está el
cansancio.

                              Aunque también el de
las trayectorias. De ver pasar las nubes.
También ese cansancio.

                                                  Entonces,
por un momento, ahora.
Sin voluntad. Y casi está bien.
Hasta pensar el estar bien y convertirlo
en nube. En trayectoria.

De "Hilos" 2007


Heme aquí raíz...

Heme aquí raíz,
savia de impulsos ascendentes,
madre aún,
posible siempre,
anticipada gestación
de un porvenir intruso,
intrusa de un presente
que desestima
el valor de nacer
a sí mismo de nuevo.
Heme aquí clavando
mis ojos
de savia encarcelada
en los troncos vacíos de los árboles
muertos,
heme aquí creyendo,
queriendo creer
en la impostura de las ruinas,
en el candor del desastre,
el valor de lo opaco,
la calidez del humo en los rescoldos.
Heme aquí,
heme aquí,
he aquí que me atrevo
a creer en las ruinas.

¡Me atrevo a creer en las ruinas!

De "Conjuros" 2001


Poemas de María Victoria Atencia ... algunos de ellos leídos en Juzbado el 4 de junio de 2016



EPITAFIO PARA UNA MUCHACHA

     Porque te fue negado el tiempo de la dicha
tu corazón descansa tan ajeno a las rosas.
Tu sangre y carne fueron tu vestido más rico
y la tierra no supo lo firme de tu paso.

    Aquí empieza tu siembra y acaba juntamente
-tal se entierra a un vencido al final del combate-,
donde el agua en noviembre calará tu ternura
y el ladrido de un perro tenga voz de presagio.

    Quieta tu vida toda al tacto de la muerte,
que a las semillas puede y cercena los brotes,
te quedaste en capullo sin abrir, y ya nunca
sabrás el estallido floral de primavera.


                                De Arte y parte (1961) y Cañada de los Ingleses (1961)


MAR

    Bajo mi cama estáis, conchas, algas, arenas:
comienza vuestro frío donde acaban mis sábanas.
Rozaría una jábega con descolgar los brazos
y su red tendería del palo de mesana
de este lecho flotante entre ataúd y tina.
Cuando cierro los ojos se me cubren de escamas.

    Cuando cierro los ojos, el viento del Estrecho
pone olor de Guinea en la ropa mojada,
pone sal en un cesto de flores y racimos
de uvas verdes y negras encima de mi almohada,
pone henchido el insomnio, y en un larguero entonces
me siento con mi sueño a ver pasar el agua.

                                De Marta & María (1966)


LA MADRE DE HÉCTOR

Por esa ley antigua que obliga a los amantes
a sucederse en otras y otras generaciones,
yo misma a un joven héroe di vida en mis entrañas.
Me doblegué a las lunas y en su espera de júbilo
los hibiscos tiñéronse.
Se hacía transparente su rostro sobre el mío
y él me daba nobleza, belleza, plenitud.

Incendio tras incendio, el cuerpo prevalece.

Chantal Maillard y Maria Victoria Atencia en Juzbado




El sábado 4, la pandilla de SonLetras tuvimos el privilegio de acercarnos a la vecina localidad de Juzbado para presenciar un evento poético único protagonizado por las poetas María Victoria Atencia y Chantal Maillard que ofrecieron un recital maravilloso que fue seguido por unas 200 personas.





Juzbado “sigue apostando por la poesía”, y tal y como subrayó el alcalde, Fernando Rubio, lo hace de la mano de estas dos grandes poetas: María Victoria Atencia y Chantal Maillard.







Vecinos, amigos y amantes de la poesía se han sumado a un paseo literario en el que se han inaugurado cuatro nuevas placas de bronce envejecido, ubicadas en diferentes rincones del municipio, con poemas de las dos autoras.