'... las estrellas para quien las trabaja', Juan Carlos Mestre, poeta

sábado, junio 19, 2010

Adiós a otro grande


"Las 3 enfermedades del hombre actual son la incomunicación, la revolución tecnológica y su vida centrada en su triunfo personal" J.Saramago

José Saramago era algo más que un escritor, era un maestro. Un hombre íntegro preocupado constantemente por los graves problemas que cruzan a las sociedades, esa imperiosa necesidad de defender siempre los derechos de los humildes, porque hay que ser valiente en estos tiempos para defenderlos y él nunca dudó en hacerlo. Fue crítico con el pasado reciente de la izquierda comunista, no tuvo ningún inconveniente de sostener que la burocracia de los partidos comunistas, que sus atrasos en el pensamiento hacen más mal al pueblo, que a los enemigos del pueblo.

José Saramago se colocó en este lado de la vereda y no descansó ni un instante para enjuiciar a los agresores del hombre, a los que aprovechan del trabajo humano, acusó a los explotadores de inhumanos e insconcientes… y lo dejó todo escrito.

El hombre duplicado (fragmento)

" Ni el propio Tertuliano Máximo Alfonso sabría decir si el sueño volvió a abrirle los misericordiosos brazos después de la revelación tremebunda que fue para él la existencia, tal vez en la misma ciudad, de un hombre que, a juzgar por la cara y por la figura en general, es su vivo retrato.
Después de comparar demoradamente la fotografía de hace cinco años con la imagen en primer plano del recepcionista, después de no haber encontrado ninguna diferencia entre ésta y aquélla, por mínima que fuese, al menos una levísima arruga que uno tuviese y al otro le faltara, Tertuliano Máximo Alfonso se dejó caer en el sofá, no en el sillón, donde no habría espacio suficiente para amparar el desmoronamiento moral de su cuerpo, y allí con la cabeza entre las manos, los nervios exhaustos, el estómago en ansias, se esforzó por organizar los pensamientos, desenredándolos del caos de emociones acumuladas desde el momento en que la memoria, velando sin que él lo sospechase tras la cortina corrida de los ojos, lo despertara sobresaltado de su primer y único sueño.
(...)
El alma humana es una caja de donde siempre puede saltar un payaso haciendonos mofas y sacandonos la lengua, pero hay ocasiones en que ese mismo payaso se limita a mirarnos por encima del borde de la caja, y si ve que, por accidente, estamos procediendo segun lo que es justo y honesto, asiente aprobadoramente con la cabeza y desaparece pensando que todavia no somos un caso perdido. "

3 comentarios:

  1. es verdad...era un maestro..alguien en quien se podía confiar al leerlo..

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  2. José Saramago paró todos los relojes de su casa a la misma hora en la que conoció a su amor, Pilar del Río.




    La aguja recorrió el último signo
    con el frágil sonido de la ausencia.



    Se descolgó del labio una palabra,
    la última,
    debajo de la sombra de tus párpados,
    más allá del dolor de la ceguera.


    Lloran todos tus nombres
    sobre la roja sal de Lanzarote.


    El verbo amordazado, como si en este junio
    se abriese el Evangelio del invierno.


    ®Soledad Sánchez Mulas

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  3. Maravillosos, Sole! como todos tus poemas! y un justo homenaje a un hombre tan grande

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