'... las estrellas para quien las trabaja', Juan Carlos Mestre, poeta

domingo, octubre 07, 2012

La semilla de Carpentier

Hace unos meses leí ‘Viaje a la semilla’ de Alejo Carpentier, y puedo decir sin dudarlo que es uno de los cuentos mas fascinantes que he leído.
Alejo Carpentier nació en La Habana (aunque hay versiones que indican que fue en Suiza y luego sus padres emigraron a Cuba) en 1904 y falleció en París en 1980. Inició su actividad literaria en simultáneo con la musicología, su otra vocación de toda la vida, entre 1924 y 1928. Menciono este detalle porque tiene gran significación en ‘Viaje a la semilla’, publicado en 1944. Este relato nos lleva a la Cuba colonial del siglo XIX, donde, con un sutil manejo del tiempo, asistimos a la muerte de Don Marcial, Marqués de Capellanías, a los diferentes avatares de su vida y su nacimiento. Según Carpentier, fue escrito de un tirón en el curso de una noche en la cual descubrió también su particular estilo de narrar. Buscaba un lenguaje capaz de expresar el mundo exuberante del Caribe, cuya historia y paisaje son totalmente ajenos a cualquier proporción clásica. A diferencia del surrealismo europeo, en América lo fantástico se encuentra en la realidad misma, en lo que Carpentier denominó “lo real maravilloso”, y su manera de expresarlo fue el barroco: un lenguaje pleno de metáforas y riqueza léxica.
Don Marcial, viaja en el tiempo desde la muerte hasta la juventud y la infancia en un recorrido que culmina con el retorno al vientre materno. Su vida se narra como una sucesión de diversas etapas, cada una de las cuales transcurre en una habitación distinta de su casa. Hombre y casa viven paralelamente su existencia y juntos se disuelven en la materia indiferenciada. El inicio de la metamorfosis de Marcial y la casa se debe a un gesto inaugural del negro viejo que contemplaba la demolición: "Entonces el negro viejo, que no se había movido, hizo gestos extraños, volteando su cayado sobre un cementerio de baldosas". El ademán mágico del negro parece corresponder al del director de una orquesta en la apertura, que impone un concierto al caos y al ruido que se genera cuando la orquesta afina los instrumentos, antes de que el director levante la batuta y empiece el concierto y, es, al mismo tiempo, el inicio de la función que representa la vida de Marcial. La casa empieza a revivir cuando se animan los cuadros que decoran sus paredes y la vida de Marcial se despliega como una serie de cuadros y todas las pinturas cobran movimiento, consecuencia del paso del tiempo. El lenguaje musical se cuela constantemente en el texto con la mención de instrumentos y piezas musicales pertenecientes a distintas épocas y dicta la disposición de los capítulos, por ejemplo, entre el I y el XIII, que abren y cierran el cuento, o entre el II, que narra la reconstitución de la casa, y el XII, que cuenta su total desintegración. La relación especial entre el espacio, el tiempo, la perspectiva del protagonista y la ordenación de los capítulos que pueden asociarse a la escala musical con siete ascendentes y siete descendentes, me recordaron a la comedia de Shakespeare ‘As you like it’, donde se presenta la idea de las siete edades del hombre como siete actos de la representación escénica que es la vida. Como ya dije, ‘Viaje a la semilla’ es un cuento fascinante y riquísimo en simbolismos y relaciones. Estoy segura que no os dejará indiferentes. Publicado en Revista Imprescindibles © Annie Altamirano Todos los derechos reservados

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