'... las estrellas para quien las trabaja', Juan Carlos Mestre, poeta

domingo, diciembre 16, 2012

El filandón


A principios del otoño y por esas ‘casualidades’ que suelen poner en mi camino a cuentos y cuentistas (que no cuenteros), me encuentro en reiteradas oportunidades con la noticia de la publicación de un libro. Me llamó la atención tanta publicidad y lo busqué en la biblioteca, ¿dónde si no?, y me encontré con una mina de oro. El libro en cuestión se llama ‘Todos los cuentos’ del escritor leonés Antonio Pereira González.




Muchos de vosotros, especialmente los castellano-leoneses, sabréis quién era Antonio Pereira pero para otros, como yo, este señor será una novedad. Antonio Pereira nació en 1923 en León, en la hermosa región del Bierzo, en Villafranca del Bierzo para ser más exactos. Gran narrador oral, junto a otros autores leoneses como Juan Pedro AparicioJosé María Merino o Luis Mateo Díez practicó la costumbre del filandón, una reunión en torno a una mesa o de un fuego, generalmente después de cenar, en las que los comensales recreaban historias de la tradición popular o inventaban las suyas sobre la marcha.

Los inicios de Antonio Pereira en el mundo de la literatura no fueron, sin embargo en el territorio del cuento sino en el campo de la poesía, solía decir que empezó a escribir para "conquistar a las chicas de su pueblo, y a las forasteras".

Antonio Pereira publica su primer cuento en el año 1957, pero su primer libro de cuentos,  Una ventana a la carretera, se publicó en 1966 tras ganar el concurso Leopoldo Alas. A partir de entonces se dedica a este género hasta convertirse en uno de los escritores de relatos más fecundos y prestigiosos de la literatura española actual.

Aunque también cultivó la novela, compartía el juicio de Borges sobre la narrativa larga: "Desvarío laborioso y empobrecedor escribir en quinientas páginas una historia cuya perfecta exposición oral puede hacerse en pocos minutos”. Para él, el cuento "Es el resultado de saber una buena historia y saber contarla con brevedad e intensidad". También decía que "Escribir un cuento supone una salida para un golpe de mano que fracasa si se lleva exceso de munición". En el prólogo a ‘Me gusta contar’, su selección personal de cuentos, nos deja un decálogo para cuentistas que comienza con el siguiente consejo: ‘Lo primero es tener una historia que contar. Sin eso, nada’. Y don Antonio tenía muchas y muy variadas, la del encuentro con un cierto Borges en ‘Si me lees te leo’, un relato de dos páginas y media que me fascinó, o ‘El asturiano de la Delfina’. Sus personajes son gente sencilla y humilde, el transportista de ‘El Atestado’ o el soldado protagonista de ’La Resistencia’. Como contrapartida se alza una minoría cultural y social representada por la ingeniera Démencour o la profesora Peterson. Antonio Pereira fue un viajero infatigable y así sus cuentos nos llevan a escenarios rurales y cosmopolitas como Buenos Aires, Palencia o Nepal.  

Precisamente en Nepal comienza otro relato que me gustó especialmente, ‘Los brazos de la i griega’, y comienza así:

‘No quisiera volver al valle alto del corazón del Nepal, ahora que sus hoteles se parecen a los grandes hoteles del mundo. …’

Antonio Pereira: altamente recomendable si no lo habéis leído y obligada relectura para los amantes del género. 

Publicado en Revista Imprescindibles © Annie Altamirano Todos los derechos reservados

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