'... las estrellas para quien las trabaja', Juan Carlos Mestre, poeta

martes, marzo 12, 2013

Recuerdos de mi pueblo


Sábado 3 de marzo de 2012
HACE TIEMPO Y NO TAN LEJOS HOY: LIBRERIA LIBROSUR
Los locos lindos de los jueves

Ese jueves a la noche, la librería todavía estaba abierta a una hora inexplicable. La señora buscaba, sin mucho interés, un libro para regalar a una amiga. La acompañaban una niña apenas y un caballero que sacaban volúmenes de las estanterías. Ojeaban algún que otro texto. Se concentraban en las figuras y las fotos. Lalo, el librero, atendía solícito a la cliente y, con un guiño cómplice aderezado con una sonrisa
cálida, dejaba hacer su tarea exploratoria a los curiosos acompañantes.

De pronto, y sin que mediara presentación alguna, aparecieron ocho personas detrás de un cortinado,
con copas en sus manos algunos y botellas de vino otros.Las tres damas del grupo se acercaron a la mesa central de la librería y desplegaron todas las copas con sus correspondientes servilletas. Los cinco varones, por su parte, comenzaron a buscar libros en los distintos escaparates y estantes del local. Terminada su tarea, ellas también hicieron lo propio mientras que el más joven del grupo servía el vino en cada una de las copas.

Los circunstanciales clientes veían azorados semejante despliegue y quedaron aún más sorprendidos
cuando ellos, en turnos sucesivos, proponían un brindis con la lectura del texto del libro elegido. El decano del grupo, escritor, militar retirado, católico practicante consuetudinario y ex librero a su vez, abrió la ronda con un cuento futbolero del uruguayo Eduardo Galeano. Lo siguió una profesora de inglés, quien leyó un párrafo de la novela "La Bolsa", de Hugo Wast. Otra mujer, tatuadora ella, moduló su sugerente voz con uno de los poemas de oficina del también uruguayo Mario Benedetti. El bufón del grupo, profesor y visitador médico, leyó uno de los desopilantes episodios de la novela "Sybellium", libro allí en venta del mismo modo que en todas las librerías del país. De hecho, la primera edición se agotó oportunamente. El más joven de los presentes, quiosquero y caricaturista, eligió tres haikus japoneses y dos minipoemas chinos de una antología inhallable. El muralero, por su parte, había optado por una revista con acordes para guitarra. Alguien le acercó el instrumento que adornaba la vidriera y, después de afinarla, entonó una delicada canción del "Nano" Joan Manuel Serrat. Antes de que el profesor e ingeniero les leyera un artículo sobre la contaminación ambiental en Sudamérica, irrumpió con su bicicleta el periodista, fotógrafo y poeta ,quien horas antes había retirado un poemario del portugués Fernando Pessoa para estudiar un par de escritos y recitarlos de memoria. La tercera mujer ostentaba su tatuaje en el hombro, una araña. Era la responsable de los vinos traídos de su vinería. Aclaró su voz y cantó a capella un tango de Eladia Blázquez.Finalmente, los contertulios alzaron las copas y degustaron el vino, un montepulciano rasposo para más datos. Luego se sentaron a platicar. El citado trío de clientes observó atentamente cada una de las intervenciones del inesperado espectáculo. Cuando comenzó la charla informal se retiraron sin comprar nada, pero con una sonrisa en sus rostros. Una vez retirados, Lalo se sumó a la mesa.

Un amigo incondicional. Lo que no sabían los que se fueron era que, mucho antes, había pasado a
saludar a los cófrades, una damisela florista entre clocharde y poeta, quien antes de salir a vender sus
ramos en los restaurantes locales y de Bahía Blanca, solía parar en la librería, tomarse un vinito con dos
cucharaditas de azúcar, recitarles un poema gauchesco o cantarles un tanguito, además de dejarles
su bicicleta para que la cuidaran. Al volver, se repetía el procedimiento, pero al revés.

Etanislao "Beto" Romero, Anny Altamirano, Vanesa De la Puente, Guillermo Ausili, Pablo Fagotti,
Omar Sirena, Alberto Mazzeo, Guillermo Caballero, Delia de Madariaga, Juan Carlos Zeballos y quien
suscribe, entre tantos otros, se reunieron durante años en la primera década de este nuevo siglo,
todos los jueves en la librería Librosur, en Roca al 400 convocados por un amigo incondicional,
Eduardo "Lalo" Goncalvez. No sólo resolvieron el mundo en esa mesa y tomaron de los mejores vinos. Crearon la fundación "Haciendo Letra". Promovieron la lectura por placer. Regalaron libros por doquier. Conferenciaron en escuelas. Editaron la revista "Ficciones y otros laberintos mundanos". Organizaron actividades recreativas y literarias. Le regalaron la edición del libro de poemas "Arenas" al ángel guardián
del grupo, la citada Delia de Madariaga. Auspiciaron recitales de rock.

El tiempo fue matando los encuentros que recibieron el certificado de defunción cuando Lalo decidió
cerrar la librería. Quedaron algunas caricaturas y muy buenos recuerdos.

Notra publicada en el diario La Nueva Provincia, Bahía Blanca, Argentina

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