domingo, abril 19, 2026

Malbec

 



Hoy es dieciocho de abril

y el mundo levanta su copa

por esta cepa terca

que aprendió a ser grande

del otro lado del océano.

 

Pero yo no brindo por la cepa.

 

Brindo por lo que hace el tinto

cuando baja

y afloja

lo que uno lleva apretado

entre la garganta y la cordura.

 

Brindo por la primera copa,

que es educada,

por la segunda,

que ya tutea,

y por la tercera,

que te mira a la boca

sin pedir permiso.

 

El malbec tiene ese don:

oscuro como lo que no se dice de día,

espeso como lo que se piensa

cuando la conversación se acorta

y la distancia entre las sillas

empieza a sobrar.

 

Dame esa copa

y dame tu boca después,

que con esta desinhibición de uva negra

me bebería toda la saliva que me des,

cada palabra a medio decir,

cada silencio que sepa a tanino

y a ganas.

 

No me hables del terroir,

ni de la barrica,

ni del roble francés.

Hablame de lo que pasa

cuando el tinto calienta la sangre

y lo que era prudencia

se convierte en manos

que no calculan,

en lengua que no mide,

en piel que recuerda

que antes de ser civilizada

fue viña salvaje.

 

Esta noche brindo

por el malbec,

por su manera de decirme

que todo lo que callo

cabe en una copa

y se desborda

en la siguiente.

 

Salud.

jueves, abril 16, 2026

Los domingos son muy domingos

Los domingos son muy domingos

con su luz tardía cayendo oblicua

sobre el mantel que nadie dobla.

 

La mañana se demora en sí misma,

el café enfría despacio

y nadie apura el tiempo

porque el tiempo tampoco apura.

 

Afuera el barrio respira diferente,

los pasos suenan huecos en el adoquín,

las persianas a media asta

custodian ese acuerdo tácito de no exigirle nada al día.

 

Los domingos son muy domingos:

guardan en los bolsillos

el peso quieto de lo que no se hizo,

el olor a pan que alguien hornea lejos,

la voz de la radio filtrándose por la pared medianera.

 

Me siento en el umbral donde el sol apenas llega

y pienso en los domingos anteriores,

en cómo todos se parecen

y sin embargo ninguno es el mismo.

 El gato duerme su propio domingo sin culpa.

Yo aprendo de él:

no toda quietud es pérdida.

 

Cuando cae la tarde del domingo

con esa luz que ya no alcanza,

enciendo la primera lámpara

y el lunes comienza a existir en algún lugar remoto,

todavía ajeno,

todavía lejos.

@Annie Altamirano, Sierra de la Ventana, abril 2026




Domingo de bordes y plenitud

 


Hay fechas que no se escriben en el calendario. Se escriben adentro.

El domingo 12 de abril es, desde ahora, una de esas fechas.

Presenté "Manual para habitar los bordes sin cortarse" en la Casa de la Cultura de Punta Alta —mi ciudad, mi raíz, mi primer lector— y todavía no encuentro las palabras exactas para describir lo que pasó adentro mío mientras miraba esa sala llena de caras queridas.


Quince años de poemas. Quince años de talleres, de madrugadas, de dudas y de esa terquedad silenciosa que tiene la escritura cuando no te suelta. Todo eso cabía, de alguna manera, en ese escenario.

Mi amigo y colega Sergio Soler presentó el libro con esa generosidad y lucidez que lo caracterizan. Las escritoras Betty Ferrer y Emma Acha prestaron su voz a mis poemas —y hay algo extraño y hermoso en escuchar tus propias palabras en la boca de otra persona que las habita con genuino cariño. La música de mi gran amigo Víctor Volpe hizo el resto: convirtió la noche en algo que ya no era solo una presentación, sino un encuentro.




Estuvieron amigos de toda la vida. Compañeras de colegio. Ex-alumnos. Familia. Dos de mis profesores del secundario, que me vieron cuando yo todavía no sabía bien qué quería decir pero ya necesitaba decirlo.

Y entonces llegó la sorpresa.

La Declaración de Interés Municipal de mi persona y mi obra. No lo esperaba. Me tomó desprevenida, que es quizás la única forma en que algo así puede tocarte de verdad.

Elegí Punta Alta para ser la primera. Porque siempre se vuelve al principio. Porque este libro, publicado por Tarqus Editorial en Santiago de Compostela, viajará después a España y Europa —pero necesitaba nacer aquí, entre los míos.

Gracias a cada uno de los que estuvieron. A los que vinieron de lejos y a los que viven a la vuelta. A los que llegaron con flores y a los que llegaron con los ojos brillantes.

Los bordes, al final, no cortan tanto cuando uno no está solo.

martes, abril 07, 2026

El camino de las luciérnagas

 

A la hora en que los álamos relucen de atardecer,

cerca del río croan las ranas y comienza

la insistente convocatoria de los grillos.

Cae la noche en los sauces.

La oscuridad se dilata

y la impaciencia del verano se demora en la sierra.

 

En una esquina del ventanal llama la Cruz del Sur –

recompensa que tenemos

quienes trasnochamos en aquel hemisferio –

y comienza el balbuceo inasible

de las luciérnagas encendidas.

 

Vuelvo a los primeros manantiales

con el pecho abierto a las ausencias –

el corazón no sabe cómo narrar las migraciones -

y con la memoria amontonada en las arterias

escribo despacio el verso que los nombra.

 

Las estrellas se deprenden de la noche,

siguen su propia ruta,

antigua huella labrada.

Separo cuidadosamente los recuerdos,

el sosiego de aquellas voces

que conozco desde siempre,

y regreso al lugar donde dormía

siguiendo el camino de las luciérnagas.


@Annie Altamirano, en Manual para habitar los bordes sin cortarse, Ed. Tarqus, Marzo 2026


Malbec

  Hoy es dieciocho de abril y el mundo levanta su copa por esta cepa terca que aprendió a ser grande del otro lado del océano.   ...