domingo, abril 19, 2026

Malbec

 



Hoy es dieciocho de abril

y el mundo levanta su copa

por esta cepa terca

que aprendió a ser grande

del otro lado del océano.

 

Pero yo no brindo por la cepa.

 

Brindo por lo que hace el tinto

cuando baja

y afloja

lo que uno lleva apretado

entre la garganta y la cordura.

 

Brindo por la primera copa,

que es educada,

por la segunda,

que ya tutea,

y por la tercera,

que te mira a la boca

sin pedir permiso.

 

El malbec tiene ese don:

oscuro como lo que no se dice de día,

espeso como lo que se piensa

cuando la conversación se acorta

y la distancia entre las sillas

empieza a sobrar.

 

Dame esa copa

y dame tu boca después,

que con esta desinhibición de uva negra

me bebería toda la saliva que me des,

cada palabra a medio decir,

cada silencio que sepa a tanino

y a ganas.

 

No me hables del terroir,

ni de la barrica,

ni del roble francés.

Hablame de lo que pasa

cuando el tinto calienta la sangre

y lo que era prudencia

se convierte en manos

que no calculan,

en lengua que no mide,

en piel que recuerda

que antes de ser civilizada

fue viña salvaje.

 

Esta noche brindo

por el malbec,

por su manera de decirme

que todo lo que callo

cabe en una copa

y se desborda

en la siguiente.

 

Salud.

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  Hoy es dieciocho de abril y el mundo levanta su copa por esta cepa terca que aprendió a ser grande del otro lado del océano.   ...