jueves, abril 16, 2026

Los domingos son muy domingos

Los domingos son muy domingos

con su luz tardía cayendo oblicua

sobre el mantel que nadie dobla.

 

La mañana se demora en sí misma,

el café enfría despacio

y nadie apura el tiempo

porque el tiempo tampoco apura.

 

Afuera el barrio respira diferente,

los pasos suenan huecos en el adoquín,

las persianas a media asta

custodian ese acuerdo tácito de no exigirle nada al día.

 

Los domingos son muy domingos:

guardan en los bolsillos

el peso quieto de lo que no se hizo,

el olor a pan que alguien hornea lejos,

la voz de la radio filtrándose por la pared medianera.

 

Me siento en el umbral donde el sol apenas llega

y pienso en los domingos anteriores,

en cómo todos se parecen

y sin embargo ninguno es el mismo.

 El gato duerme su propio domingo sin culpa.

Yo aprendo de él:

no toda quietud es pérdida.

 

Cuando cae la tarde del domingo

con esa luz que ya no alcanza,

enciendo la primera lámpara

y el lunes comienza a existir en algún lugar remoto,

todavía ajeno,

todavía lejos.

@Annie Altamirano, Sierra de la Ventana, abril 2026




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los domingos son muy domingos

Los domingos son muy domingos con su luz tardía cayendo oblicua sobre el mantel que nadie dobla.   La mañana se demora en sí misma, ...