lunes, junio 24, 2013

Noche de San Juan, mirando a la luna y la Catedral desde el Huerto de Calixto y Melibea




El poniente impecable en resplandores
quebró a filo de espada las distancias.
Suave como un sauzal está la noche.
Rojos chisporrotean
los remolinos de las bruscas hogueras;
leña sacrificada
que se desangra en altas llamaradas,
bandera viva y ciega travesura.
La sombra es apacible como una lejanía;
hoy las calles recuerdan
que fueron campo un día.
Toda la santa noche la soledad rezando
su rosario de estrellas desparramadas. 

Jorge Luis Borges 
Fervor de Buenos Aires (1923)


 



2 comentarios:

  1. Un bonito poema y unas preciosa imágenes. Gracias por un momento de belleza en la red. Un beso

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Armando. como siempre tan gentil. Besos

    ResponderEliminar

Soneto a la montaña silente

 Erguida en soledad, firme y callada, la montaña se eleva hacia el cielo, testigo muda del paso del vuelo, del tiempo, en su cima neva...